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05 agosto 2009

Chuck Norris y la búsqueda de mí misma

Por Meghan Loftus

 
Dos mujeres jóvenes con la toga de graduadas, y otros graduandos en el fondo (Foto cedida por Meghan Loftus)
La autora (dcha.) y su amiga Janelle MacKereth se graduaron del Colegio Universitario de Ítaca en 2009, tras estudiar en el extranjero

El siguiente artículo es parte del número de agosto de 2009 de eJournalUSA La experiencia universitaria. Para saber más haga clic a la derecha.

Un semestre en el extranjero es una oportunidad para poner a prueba quién eres y de lo que eres capaz, lejos de las comodidades del hogar y la familia. La estadounidense Meghan Loftus se graduó del Colegio Universitario de Ítaca en 2009 con un título de primer ciclo universitario en periodismo y política. Pasó la primavera de 2007 en Sevilla, España, donde asistió al Centro de Estudios Interculturales.

El taxi nos dejó en una calle lateral. Alcé la vista a la puerta mientras me preguntaba qué me reservarían los próximos cuatro meses. Estaba fatigada — bajo los efectos del vuelo y la diferencia horaria, sí, pero también exhausta de escuchar a la gente hablar español a mi alrededor y traducirlo mentalmente … o al menos, intentarlo. Sólo había transcurrido un día y medio de mi semestre en Sevilla, España, y ya me sentía como si llevara allí años. Estaba tan agotada que podría haberme hecho un ovillo en cualquier rincón de la calle y caer en un sueño profundo y reparador.

¿Qué estaba haciendo allí? me  preguntaba mientras esperaba a que mi madre anfitriona nos abriera la puerta del apartamento. Era la primera de muchas veces en los cuatro meses siguientes que me haría esa pregunta. Antes de mi semestre en el extranjero había salido de los Estados Unidos sólo unas pocas veces para visitar las cataratas del Niágara, en Canadá. Nunca había salido de América del Norte. Siempre había querido viajar al extranjero, sobre todo a España. Este era mi sueño. ¿Por qué estaba tan nerviosa?

En momentos como éste, tenía la suerte de tener a mi amiga Janelle. Las dos habíamos escogido el mismo programa de estudios en el extranjero y estábamos contentas de haberlo hecho. Estábamos juntas para compartir muchos momentos divertidos. Pero en esas ocasiones en que nos asaltaban los nervios, siempre nos dábamos ánimo mutuamente, como cuando Janelle perdió su mochila y la mitad de su ropa, o cuando yo tenía una inmensa morriña. Durante nuestra estancia, con frecuencia teníamos esos momentos en que no podíamos creer lo afortunadas que éramos de estar pasando un semestre en un país extranjero. ¿Qué hacíamos allí?

Diferencias y semejanzas

Foto ampliada
El rostro de cada una de las jóvenes se ve a través del ojo de una cabeza gigantesca de piedra (Foto cedida por Meghan Loftus)
Meghan (abajo) y Janelle (arriba) durante una visita a lugares de interés turístico en España.

A lo largo del semestre encontré muchas respuestas a mi pregunta. Primero, yo quería ver cómo vivía la gente en el resto del mundo. Esperaba encontrar muchas diferencias — lo que comía la gente, cuándo comía, cómo se vestía y qué le gustaba — y tenía razón. En Sevilla, nuestra comida principal era el almuerzo de mediodía, y no cenábamos hasta la medianoche. Y siempre me parecía que mi ropa más elegante no lo era bastante; otras chicas de mi edad estaban siempre maravillosamente arregladas, aunque sólo fueran a clase.

Pero lo que más me sorprendió fueron las semejanzas. Antes de salir de casa, había estado tan obsesionada con las diferencias que encontraría que no se me ocurrió pensar qué podría tener en común con gente de la que me separaban miles de kilómetros y un océano. En muchos casos, nos gustaban las mismas  películas y la misma música, suspirábamos por los mismos ídolos y queríamos las mismas cosas de la vida, esto es, amar y ser amados.

Entonces surgió la discusión sobre las flexiones de Chuck Norris que alteran el movimiento de rotación de la Tierra. Ese chiste surgió por casualidad una noche, cuando Janelle y yo estábamos en una taberna con nuestros amigos españoles tratando de hacer de intérpretes entre ellos y nuestro amigo Andrew. Recién llegado de Londres para pasar unos días, Andrew no hablaba español y sólo unos pocos de nuestros amigos españoles hablaban inglés. Janelle y yo estábamos tan entretenidas interpretando y participando en la conversación cuando, por algún motivo, alguien mencionó en nombre de Chuck Norris. La estrella del programa de televisión de los Estados Unidos Walker, Texas Ranger, Norris es protagonista de muchos chistes que celebran su legendaria fuerza y objeto de una especie de culto popular en los Estados Unidos.

Nuestros amigos españoles inmediatamente empezaron a contar chistes de Chuck Norris en español y en inglés, en versiones que ni siquiera nosotros habíamos oído. Janelle, Andrew y yo reíamos hasta que se nos saltaban las lágrimas. ¿Cómo era posible que aquí, en esta taberna de una calleja de Sevilla nos estuviéramos contando chistes de Chuck Norris? Y nada menos que en dos idiomas. Era una buena lección del poder de Chuck Norris como símbolo cultural y estrella del cine de acción y, en un plano más profundo, de cómo el idioma no es una barrera que impida reírse juntos.

Revelaciones de mí misma

Otra razón por la que fui al extranjero fue para aprender a conocerme mejor. A otra persona le puede parecer extraño que quisiera ir a un lugar distinto para saber quién soy realmente, pero a mí, cuando lo pienso, me parece perfectamente lógico. Cuando estaba en el extranjero, todo lo que encontraba en mis viajes era nuevo y extraño para mí. Cada situación que se me presentaba me forzaba a plantearme de nuevo la cuestión de qué era lo que sabía de mí misma, de la situación y de las opciones a mi alcance en aquel momento. Bien fuera que estaba dando vueltas y más vueltas con Janelle en Barcelona, tratando de encontrar la Sagrada Familia (es difícil no verla, pero, de algún modo, eso es lo que pasó), o descubría que habíamos hecho reservas en un hostal para una fecha equivocada en un viaje a Galway, en Irlanda, durante nuestras vacaciones de primavera, tenía que reaccionar a situaciones angustiosas, que rápidamente pasaban a serlo aun más porque no estaba en mi territorio familiar. Sin embargo, todavía tenía que hallar mis propias soluciones.

¿Qué creen que pasó? Resolvimos esos problemas sin ataques de nervios (bueno, tal vez en algunos momentos estuvimos a punto). Por fin encontramos la Sagrada Familia (aunque nos costó andar kilómetros), y encontramos otro hostal en Irlanda. Resolvimos situaciones que normalmente me habrían hecho perder los nervios. Pero durante el tiempo que estuve en Sevilla, ciudad donde la relajación prevalece sobre el estrés, aprendí que estos problemas son sólo parte del juego. Ahora tengo cuidado de organizar mis prioridades con arreglo a una escala de valores — familia, amigos, diversión, y comida — en vez de preocuparme por todo lo que pueda ir mal. Pienso que, a fin de cuentas, los pequeños tropezones en el camino no importarán.

Pero aquel primer día en Sevilla, mientras esperaba que se abriera la puerta para escapar de la lluvia, y me preguntaba cómo era posible que hubiera llegado allí, está vivo en mi memoria. Con frecuencia, me paro a recordar y me veo ante aquella puerta, entonces susurro a mi preocupada sombra: Estás aquí porque cada día vas a vivir  una nueva aventura.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista ni las políticas del gobierno de Estados Unidos.

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://www.america.gov/esp )

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