16 septiembre 2008

Este artículo pertenece a la publicación “La historia de EE.UU. en síntesis”. Para consultar los demás artículos, haga clic a la derecha.
La Revolución de Estados Unidos –su guerra para independizarse de Gran Bretaña– empezó como una pequeña escaramuza entre tropas británicas y colonos armados el 19 de abril de 1775.
Los británicos habían salido de Boston, Massachusetts para incautar las armas y municiones que unos colonos revolucionarios habían recolectado en las aldeas vecinas. En Lexington tropezaron con un grupo de milicianos minutemen, así llamados porque se decía que se podían aprestar para el combate en un minuto. El único propósito de los milicianos era realizar una protesta silenciosa y su dirigente les ordenó no hacer fuego, a menos que les dispararan primero. Los británicos ordenaron que los milicianos se dispersaran y éstos obedecieron. Sin embargo, cuando se retiraban, alguien hizo un disparo. Entonces los soldados británicos atacaron a los minutemen con armas de fuego y bayonetas.
La lucha estalló también en otros lugares a lo largo del camino, a medida que los soldados británicos avanzaban de regreso a Boston con sus uniformes de color rojo brillante. Más de 250 “casacas rojas” resultaron muertos o heridos. Los norteamericanos perdieron 93 hombres.
Los choques mortales continuaron en los alrededores de Boston al tiempo que los representantes coloniales salían apresuradamente hacia Filadelfia para discutir la situación. En su mayoría votaron por hacer la guerra contra Gran Bretaña. Acordaron consolidar las milicias coloniales en un ejército continental y nombraron a George Washington, de Virginia, su comandante en jefe. Sin embargo, al mismo tiempo, aquel Segundo Congreso Continental adoptó una resolución de paz en la que instaba al rey Jorge III a evitar que continuaran las hostilidades. El rey la rechazó y el 23 de agosto declaró que las colonias norteamericanas se habían rebelado.

Las exhortaciones a la independencia se intensificaron en los meses siguientes. El teórico político radical Thomas Paine ayudó a cristalizar el argumento a favor de la separación. En un folleto titulado Common Sense (Sentido común) del cual se vendieron 100.000 ejemplares, él rebatió la idea de la monarquía hereditaria. Paine propuso dos opciones para Norteamérica: seguir estando sometida a un rey tiránico y un sistema de gobierno gastado, o liberarse y ser feliz como una república autosuficiente e independiente.
El Segundo Congreso Continental designó un comité encabezado por Thomas Jeff erson, de Virginia, para preparar un documento donde se expusieran los agravios de las colonias contra el rey y se explicara la decisión de aquéllas de separarse. Esa Declaración de Independencia fue adoptada el 4 de julio de 1776. Desde entonces, el 4 de julio se celebra cada año como el Día de la Independencia de Estados Unidos.
La Declaración de Independencia no sólo anunció el nacimiento de una nueva nación. También expuso una filosofía de la libertad humana que habría de llegar a ser una fuerza dinámica en todo el mundo. Incluía ideas políticas francesas y británicas, sobre todo las de John Locke en su Second Treatise on Government (Segundo tratado de gobierno), que reafirmaban la convicción de que los derechos políticos son derechos humanos básicos y, por lo tanto, son universales.
El hecho de declarar su independencia no hizo que los estadounidenses fueran libres. Las fuerzas británicas derrotaron a las tropas continentales en Nueva York, desde Long Island hasta la ciudad de Nueva York. Ellas vencieron también a los insurgentes en Brandywine, Pennsylvania y ocuparon Filadelfia, lo cual provocó la huida del Congreso Continental. Las fuerzas estadounidenses salieron victoriosas en Saratoga, Nueva York, y en Trenton y Princeton en Nueva Jersey. No obstante, George Washington seguía luchando por conseguir los hombres y los materiales que tanto necesitaba.
La ayuda decisiva llegó en 1778 cuando Francia reconoció a Estados Unidos y ambos países firmaron un tratado bilateral de defensa. En realidad, el apoyo del gobierno francés se basó en razones geopolíticas, no ideológicas. Francia quería debilitar el poder de Gran Bretaña, su inveterada adversaria.
La lucha que empezó en Lexington, Massachusetts continuó durante ocho años en gran parte del continente. Hubo batallas desde Montreal (Canadá) en el norte hasta Savannah (Georgia) en el sur. Un enorme ejército británico se rindió en Georgetown, Virginia en 1781, pero la guerra prosiguió dos años más sin llegar a un resultado concluyente. Un tratado de paz fue firmado al fin en París el 15 de abril de 1783.
La Revolución tuvo trascendencia mucho más allá de Norteamérica. Atrajo la atención de los teóricos políticos europeos y fortaleció el concepto de los derechos naturales en todo el mundo occidental. Atrajo a personalidades notables como Thaddeus Kosciusko, Friedrich von Steuben y el Marqués de Lafayette, quienes se unieron a la revolución y esperaban llevar las ideas liberales de ésta a sus propios países.
El Tratado de París reconoció la independencia, la libertad y la soberanía de las 13 ex colonias norteamericanas que ahora eran estados. La tarea de unirlas a todas en una nueva nación estaba aún por realizarse.