20 diciembre 2008
Por Andrea Clark

Este artículo pertenece al periódico electrónico de diciembre de 2008 “Cómo elegir tu profesión”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha.
Una bombera recuerda como abandonó su profesión de ingeniera para ingresar en una profesión menos lucrativa y de mayor riesgo.
Andrea Clark lleva 15 años ejerciendo de bombera y paramédica. Narró su historia a la periodista Phyllis McIntosh.
Llevaba poco más de un año trabajando de ingeniera cuando decidí que no para mí y que quería dedicarme a ser bombera. En 1991 recibí mi licenciatura en ingeniería electrónica y conseguí un trabajo en los laboratorios de visión nocturna del Departamento del Ejército, donde trabajé más que todo en los contratos de desarrollo de cámaras. Mi supervisor insistía en que debía apuntarme a muchas clases para poder ascender, pero soy una persona activa y no me gusta estar sentada durante horas. Ya conocía la profesión de bombero porque había sido bombera voluntaria en la universidad, así que decidí que había llegado el momento de cambiar de profesión.
Me inscribí en un programa universitario sobre incendios y cómo combatirlos y empecé a realizar las pruebas escritas y de aptitud física para ser bombera. La ciudad de Fairfax y el condado de Fairfax, en Virginia, me hicieron ofertas de empleo al mismo tiempo. Fue una decisión difícil, pero al final opté por la oferta que me hizo el cuerpo de bomberos de la ciudad, que con dos estaciones y 65 personas era más pequeño. Es un entorno de familia donde todos nos conocemos y nos vemos más a menudo que los bomberos que trabajan para el condado, cuyo cuerpo abarca 41 estaciones de bomberos.
Fui sólo la segunda mujer que contrató el cuerpo de bomberos de la ciudad. Algo que aprendí es a no decir que una puede hacer algo que en realidad no puede hacer. Conozco mis limitaciones y no tenía miedo a pedir ayuda o aclaraciones. Los compañeros respetaron eso.

Me encanta ser bombera porque cada llamada es distinta, ya sea que contestemos una llamada de servicios médicos de urgencia, una alarma de incendio o que de hecho vayamos a apagar un incendio en un edificio. Es un trabajo que exige mucho físicamente, pero siempre he estado en buena forma, he sido una persona activa y practiqué deportes durante mi juventud, así que la actividad física ha mantenido mi interés en el trabajo.
Este es un trabajo peligroso por naturaleza, pero generalmente eso no es lo primero que pienso. Ya sea que tenga que entrar a gatas en un edificio incendiado o que acudamos a apagar un incendio de automóvil, para mi es una aventura.
En los 15 años que he trabajado con este cuerpo de bomberos he ascendido en el cargo. Comencé como bombera, llegué a formar parte del personal paramédico y después me ascendieron a lugarteniente y durante cinco años he sido jefa de bomberos. Realicé inspecciones de edificios para garantizar que estaban en cumplimiento con el código de incendios. Cuando había un incendio, investigaba el suceso y verificaba si había sido accidental o intencional. Tenía facultades policiales para hacer detenciones si era necesario.
Mientras tanto tuve dos hijos, que actualmente tienen 11 y 6 años, así que decidí que necesitaba volver al trabajo de turno para poder dedicarle más tiempo a mi familia. Se abrió una vacante al cargo de capitán y es el cargo que desempeño actualmente. Eso significa que soy la supervisora de la estación cuando estoy de turno. Trabajo un turno de 24 horas, luego tengo 24 horas libres con un ciclo de cinco días. Después tengo un descanso de cuatro días. A menudo puedo llevar a mis hijos a la escuela y recogerlos por la tarde y hacer cosas juntos. Es fácil visitar su escuela.
Tengo 40 años y soy feliz con lo que hago. Espero jubilarme a los 50, tras 25 años de servicio. El próximo paso en la profesión sería como jefe del cuerpo de bomberos, cargo que incluye el comando del lugar de un incendio o un accidente. No quiero hacer ese trabajo aún, pero en cinco años puede que cambie de opinión.
Cuando la gente me pregunta sobre un cambio de profesión, le digo que sigan lo que les dicta el corazón. Si no te gusta lo que haces, no vas a querer ir a trabajar todos los días. Cuando me cambié de profesión tuve que aceptar una reducción de sueldo de 15.000 dólares, pero en mi caso el dinero no significaba nada. Yo quería ser feliz. Tenía sólo 25 años y no tenía hijos, así que también tenía el tiempo y la energía para comenzar una profesión nueva.
No siempre me siento satisfecha cuando llego a casa después del turno. Sin duda no siempre hay incendios que apagar. Sin embargo, hay días en que ayudamos con un parto o salvamos la vida de un hombre en medio de un ataque al corazón o sencillamente suministramos sacos de arena a una mujer que teme que se inunde su casa durante una tormenta. Esa mujer estaba tan agradecida que me abrazó entre lágrimas y luego me envió una maravillosa nota de agradecimiento. Por eso hago lo que hago.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de EE.UU.