20 diciembre 2008

La potenciación de una comunidad

Por Gwen Moore

 
Moore abraza a bailarinas de una compañía de danza (Foto: Milwaukee Journal Sentinel)
La congresista Gwen Moore abraza a las jóvenes bailarinas que presentaron una función la noche en que fue elegida al Congreso en 2004.

Este artículo pertenece al periódico electrónico de diciembre de 2008 “Cómo elegir tu profesión”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha.

Antes de que hubiera Americorps existía el programa VISTA (Voluntarios al servicio de Estados Unidos), creado en 1965 en el marco de la denominada guerra contra la pobreza iniciada por el presidente Lyndon Johnson. Diez años más tarde, una joven afroestadounidense participó en el programa con la idea de ayudar a su vecindario en Milwaukee (Wisconsin) y así comenzó una vida dedicada al servicio.

Gwen Moore es legisladora en la Cámara de Representantes de Estados Unidos desde 2004. Es la primera afroestadounidense que representa el estado de Wisconsin en el Congreso. Antes de este cargo fue funcionaria en el gobierno de su estado, cargo que ocupó durante 14 años. VISTA le concedió el galardón de Voluntaria de la década 1976-1986.

“Encontraremos el camino o lo crearemos nosotros mismos”.

Ése era el lema cuando presté el juramento para ingresar en el programa de Voluntarios al Servicio de Estados Unidos (VISTA) en la década de 1970, y se convirtió en mi mantra personal.

Ingresé en VISTA porque el vecindario donde me crié estaba a la deriva. Yo pertenecía a la junta de la asociación de vecinos de Midtown, en mi ciudad natal de Milwaukee (Wisconsin), y luchábamos para sacar a la gente de la pobreza.

Toda la vida había vivido en Midtown y vi que la situación financiera se había convertido en arenas movedizas en las que se estaba hundiendo la comunidad. La gente, que para comenzar ganaba muy poco, pagaba tasas irrazonables en sus préstamos y seguros. Las instituciones financieras tradicionales no querían prestar servicio en barrios urbanos pobres. Las empresas se derrumbaban y cerraban.

En la junta de la asociación sabíamos que la falta de recursos bancarios era un elemento clave de la decadencia de nuestro vecindario. Las instituciones no invertían en los vecindarios próximos al nuestro y las oportunidades que normalmente existían en otras partes eran sólo sueños. La asociación se dio cuenta de que la comunidad necesitaba una institución financiera local que proporcionase la base sobre la cual se pudiera construir un futuro estable.

Foto de Gwen Moore (1982) junto a colegas del programa VISTA. (Foto: Corporación de Servicio Nacional y Comunitario)
Moore (primera fila, segunda por la izquierda) integró este grupo de voluntarios que participó en un programa de capacitación en 1982.

La junta de la asociación me pidió que me hiciera miembro de VISTA y organizara una iniciativa de potenciación financiera. Nuestro proyecto era establecer la Cooperativa de crédito de desarrollo comunitario Cream City con el objeto de ofrecer servicios bancarios y préstamos para proyectos que crearan empleo, estimularan el comercio local y contribuyeran al desarrollo de los barrios marginados de Milwaukee.

Tuvimos que partir de cero. No teníamos grapadoras, plumas, papel ni escritorios. Pedimos, tomamos prestado y negociamos precios mínimos para comprar mobiliario y utensilios de oficina. Mis colegas y yo trabajamos casi todas las noches, los fines de semana y los días feriados para transformar nuestro sueño en una empresa.

A principios de noviembre, durante mi primer año, nos enteramos de que existía un programa de préstamos del gobierno federal que podría servir de capital de explotación. El plazo del 30 de noviembre estaba a menos de un mes. Trabajamos día y noche preparando la documentación y los formularios necesarios. Días antes del plazo de entrega trabajamos durante el feriado de Acción de Gracias reunidos en la mesa de mi comedor a fin de completar la solicitud y el plan comercial. La ardua tarea que realizamos ese día, acompañados del pavo y la salsa de arándano, sigue siendo uno de mis recuerdos favoritos de ese feriado. Nuestra diligencia dio fruto y recibimos un préstamo de 10.000 dólares, que sirvió de capital inicial que necesitábamos para abrir  la cooperativa de crédito.

A continuación, teníamos que ganarnos el apoyo de la comunidad. Fuimos de puerta en puerta y convencimos a los residentes a abrir cuentas en Cream City. El importe mínimo para abrir una cuenta era de 50 dólares, lo cual era mucho dinero para una comunidad donde la mayoría recibía prestaciones de asistencia social. No obstante, logramos abrir suficientes cuentas para demostrar que Cream City podía convertirse en una institución de valor para la comunidad.

Cuando por fin abrimos las puertas de Cream City me hipnotizó el efecto que tuvo en la comunidad. La gente pudo empezar a pensar en el ahorro, en lugar de sólo hacer alcanzar el dinero. Podían invertir en la comunidad mediante un préstamo de vivienda para un pequeño negocio y devolver algo a la comunidad contratando a sus habitantes o mejorando su pequeña zona del vecindario.

La actividad económica de Midtown comenzó a retumbar. Se establecieron asociaciones que con el tiempo trajeron al barrio lavanderías y centros de salud. Cream City produjo un impulso económico que dio lugar al desarrollo de la vivienda y a la mejora de la calidad de vida. Siguieron otros negocios, la comunidad descubrió un nuevo orgullo y el vecindario experimentó un renacimiento.

Demasiada gente cree que donde uno comienza determina donde termina. Eso no me sucedió y no debería sucederle a nadie. VISTA (que ahora se denomina AmeriCorps-VISTA) cambió todo para mí y para la comunidad donde me crié. Ahora, más de 30 años más tarde, en la zona de Midtown hay prosperidad, crecimiento y orgullo. La cooperativa de crédito Cream City abrió el camino para que esta comunidad pobre de un barrio marginado tomara el control de su propio destino. Cream City pasó a convertirse en otra institución y hoy mi familia sigue invirtiendo en este banco.

Mi experiencia en el programa VISTA me enseñó el valor de la autoayuda, la consolidación de coaliciones, la colaboración interracial y la movilización. Gané confianza en mi misma, paciencia y fe, así como destrezas financieras, de desarrollo de contactos y de organización. Más que todo, me di cuenta de que pueden lograrse grandes cosas con la fuerza colectiva de una comunidad, lo cual fortaleció mi compromiso con el servicio a la comunidad. Actualmente desempeño mi labor en la comisión de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos y tengo la oportunidad de ayudar a otras comunidades inseguras. Si no me hubiera presentado como voluntaria en el programa VISTA dudo que hubiera podido ascender a mi actual cargo.

No obstante, mi servicio de voluntariado en VISTA no fue sólo para potenciarme, sino para potenciar a la comunidad. Proyectos como la cooperativa de crédito son el legado de VISTA, porque abrieron el camino que otros siguieron. Ese camino permite salir de la pobreza.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de EE.UU.

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