23 julio 2009
Programa se enfoca en seis países de los Balcanes

Washington — Europa y Estados Unidos, junto al resto del mundo, se vieron envueltos en un raro estado de euforia luego de la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989, un momento ahora histórico que conmemora el final simbólico de la Guerra Fría.
Pero incluso cuando los países de Europa Central y del Este celebraban la restauración de su independencia nacional al final del régimen comunista, una cuestión difícil quedaba planteada: ¿y ahora qué?
Esa cuestión se agravó aún más dos años más tarde, con la disolución de la Unión Soviética, lo que resultó en la formación de 27 países separados, con una población total de más de 400 millones de personas.
DESAFÍO Y RESPUESTA
Desde el punto de vista de 2009 es fácil ignorar los monumentales desafíos que hace 20 años enfrentaba Europa del Este.
Las economías nacionales estaban en bancarrota, las sociedades civiles eran frágiles o inexistentes y los servicios sociales estaban en el umbral del colapso. No había nada ordenado ni inevitable para un futuro democrático en la región.
“El desencanto y la disolución podían sentirse desde los oxidados astilleros en Gdansk, en Polonia, hasta las calles frecuentemente oscuras de Timisoara, en Rumania. A lo ancho de toda la región los pueblos recientemente liberados enfrentan la recesión, el desempleo y la inseguridad”, decía en 1990 el diario The New York Times.
Estados Unidos respondió con dos trascendentales instrumentos de legislación: la Ley de 1989 de Apoyo a la Democracia en Europa del Este (SEED) y la Ley de 1992 de Apoyo a la Libertad (FSA), para beneficio de Rusia y los estados recientemente independizados de la antigua Unión Soviética.
“La ley SEED es notable por la flexibilidad que le permite al gobierno de Estados Unidos adaptarse a la situación cambiante”, dijo Daniel Rosenblum, coordinador en el Departamento de Estado para Europa y Eurasia, en una entrevista con America.gov.
“Comenzó con apenas con Polonia y Hungría, y luego rápidamente se amplió para cubrir a Checoslovaquia, Bulgaria, Rumanía, y a otros países donde hubo revoluciones anticomunistas. Más tarde pudo incorporar a todos los país que emergieron de los conflictos que separaron a Yugoslavia”, agregó.
La ley SEED ha financiado o apoyado cientos de programas y asociaciones diseñados para ayudar en la difícil transición a la libertad política y económica.
Las iniciativas al amparo de la ley SEED para el establecimiento de la democracia incluyeron apoyo para realizar elecciones libres, apoyo a organizaciones no gubernamentales, a la sociedad civil, a los medios informativos independientes, de sistemas legales transparentes, medidas contra la corrupción y a los gobiernos locales.
Los programas económicos han apoyado la privatización, la reforma fiscal y tributaria, la protección ambiental, el establecimiento de servicios bancarios y financieros, la pequeña empresa y el sector energético.
El programa SEED, con un gasto total de 8.800 millones de dólares entre 1990 y 2009, ha posibilitado la ayuda decisiva para concretar la visión de una Europa “entera, libre y en paz”. Al mismo tiempo, el financiamiento del programa ha declinado continuamente, en relación a sus años punto, lo que es una medida paradójica, aunque drástica, de su éxito.
“Uno de los puntos fuertes de la ley SEED fue establecer un objetivo claro que destacara el éxito, la integración en la comunidad Euroatlántica”, aseveró Rosenblum.
Actualmente once países de Europa Central y del Este se han “licenciado” de los programas de la ley SEED, diez de ellos se han sumado a la Unión Europea y la OTAN. Un país, Croacia, actualmente es miembro de la OTAN, aunque todavía no se ha integrado a la UE.
Esos países, a su vez, se han convertido en donantes de ayuda extranjera, contribuyendo a un fondo común de la UE para el desarrollo, y han comenzado a diseñar sus propios programas bilaterales, para ayudar a otros países que quieren aplicar reformas democráticas y de libre mercado.
ESFUERZOS EN LOS BALCANES
Actualmente la ley SEED se enfoca en seis países: Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Macedonia, Montenegro y Serbia; con programas y asociaciones en las amplias áreas de la paz y la seguridad, gobernabilidad democrática, servicios sociales y crecimiento económico.
“A pesar de muchos éxitos no es el momento de acabar con la ley SEED. Todavía queda mucho trabajo por hacer para estabilizar los Balcanes. La meta final de la ley SEED sigue siendo quedarse sin efectividad”.