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02 marzo 2009

Relatos de nuevos inmigrantes: Junot Díaz y la ficción afrolatina

Glenda Carpio

 
La experta en literatura pluricultural Glenda Carpio enseña en la Universidad de Harvard. (Foto cortesía de Michele Asselin)
La experta en literatura pluricultural Glenda Carpio enseña en la Universidad de Harvard.

Este artículo pertenece al periódico electrónico de febrero de 2009 “Literatura pluricultural actual en Estados Unidos”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha.

Glenda R. Carpio, autora de Laughing Fit To Kill: Black Humor in the Fictions of Slavery (2008) trabaja actualmente en un libro sobre la ficción negra y latina en las Américas. Es profesora asociada de estudios africanos y afroestadounidenses y de inglés en la Universidad de Harvard, en Cambridge, Massachusetts.

Junot Díaz, quien en 2008 ganó el premio Pulitzer por su novela The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (2007), fue entrevistado recientemente por el presentador satírico Stephen Colbert. Colbert le preguntó burlonamente al autor, quien llegó a Estados Unidos de la República Dominicana cuando tenía siete años, si al ganar el premio no le había robado a un estadounidense la posibilidad de conseguir un Pulitzer. Le respondió instantáneamente que dado que el propio Pulitzer había sido inmigrante, le habría alegrado saber que él se había ganado el premio. El intercambio refleja en broma algo de la alarma con que se ha identificado a los latinos como la minoría de más rápido crecimiento en Estados Unidos, un grupo cuya cantidad ha excedido la de los afroestadounidenses. Subrayando esta alarma, desde luego, están el temor de una mayoría que no sea blanca y el temor de que los latinos serán una mayoría no blanca que competirá injustamente con los afroestadounidense en el empleo y otros aspectos.

Pero, ¿quiénes y qué son los latinos? El término latino elude grandes diferencias de clase, género, raza, orígenes nacionales e historias coloniales. Incluso el otro término competitivo, hispano, es engañoso, teniendo en cuenta que muchos latinos no hablan español. Latino e hispano son en el mejor de los casos, términos provisionales puesto que sugieren generalmente un conjunto complejo de experiencias – a la vez plurinacional y genuinamente estadounidense – compartidas por un número grande y diverso de inmigrantes y descendientes de inmigrantes en el panorama contemporáneo de Estados Unidos.

Por lo tanto, la cuestión de cómo se define este grupo a sí mismo y cómo se lo define desde fuera es compleja. No obstante, en la prensa popular estadounidense el término latino (yo también prefiero usar este término) ha sido despojado casi completamente de su complejidad. Lo que las representaciones populares han tendido a eliminar en particular es la diversidad racial de los latinos. Muchos latinos son negros, especialmente conforme a los códigos en uso en Estados Unidos. También son con frecuencia indígenas americanos (del diverso número de culturas indígenas en las Américas), pero este hecho resulta oscurecido por las categorías “latino” e “hispano”.

Desde su comienzo literario en 1996, el escritor dominicano Junot Díaz ha venido retratando con una elocuencia aguda las complejidades de ser afrolatino e inmigrante en Estados Unidos. En su colección de cuentos cortos, Drown (2006), y en su novela, Díaz previene contra la mercantilización del cuento del inmigrante y la reducción del inmigrante a escribir mediante el uso de una saludable dosis de humor. La sensibilidad de Díaz se parece mucho a la del desaparecido actor y comediante Groucho Marx, a quien le gustaba jugar con el viejo refrán de que las calles de Estados Unidos estaban pavimentadas con oro. Marx decía que cuando los inmigrantes llegan aquí lo primero que aprenden es que las calles no están pavimentadas con oro; segundo, que las calles ni siquiera están pavimentadas, y tercero, que se espera que ellos sean quienes las pavimenten. Este es uno de los dones más poderosos de Díaz: que usa un sentido del humor mordaz para escribir una literatura del inmigrante que no está obsesionada con la identidad y con la inmigración, así como una literatura afrolatina que no está obsesionada con la raza. En cambio, se concentra en la habilidad y en el arte de mostrar, en el idioma, lo que significa ser negro, latino e inmigrante en Estados Unidos.

Díaz agita la línea del color y los convencionalismos albergados desde hace mucho tiempo en la literatura del inmigrante estadounidense al negarse a actuar como un informante nativo que supuestamente tiene que ilustrar a un público general primordialmente blanco; se niega a preocuparse sobre la vida vivida con un guión: entre dos idiomas, entre dos culturas. Díaz también se niega a blanquear la cultura latina. En cambio, adopta las fuertes raíces africanas en su país natal y explora su complejidad racial. Finalmente, desafía a los autores de las minorías étnicas a interconectarse. Adopta la estimulante libertad improvisadora de mezclar idiomas – experimenta con el español dominicano, el español latino y la jerga afroestadounidense, así como con el lenguaje de la ficción científica – dentro de un marco histórico en que su obra se ancla. Destaca la diáspora africana como un contexto histórico común que comparten las culturas diferentes de las Américas. A través de la fuerza de su lenguaje, Díaz le da voz a la conciencia afrolatina con tanta frecuencia muda tanto en Estados Unidos como en otros países de las Américas, al tiempo que presenta un nuevo modelo desafiante y vibrante de la expresión del inmigrante.

 

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o las políticas del gobierno estadounidense.

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