02 marzo 2009

El indígena más fuerte del mundo

Sherman Alexie

 
Sherman Alexie escribe poesías, prosa, guiones y también es cómico.
Sherman Alexie escribe poesías, prosa, guiones y también es cómico.

Este artículo pertenece al periódico electrónico de febrero de 2009 “Literatura pluricultural actual en Estados Unidos”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha.

Sherman Alexie es un indígena Spokane/Coeur d’Alene que ha crecido en la reserva indígena Spokane en Wellpinir, en el estado de Washington. Su primera colección de cuentos, The Lone Ranger and Tonto Fistfight in Heaven (1993), ganó el Premio PEN/Hemingway a la mejor primera obra de ficción. Alexie adaptó uno de los cuentos de la colección para la premiada película Smoke Signals. Después de ser publicada su primera novela, Reservation Blues (1995), la revista Granta nombró a Alexie uno de los mejores jóvenes novelistas estadounidenses. Su prolífica obra literaria continúa siendo laureada. Además de escritor, Alexie es también cómico.

Los fragmentos que siguen, extraídos de su colección de cuentos The Toughest Indian in the World, (El indio más fuerte del mundo) nos dan a probar su obra. La primera viñeta proviene del cuento que es también título del libro.

En 1975 ó 76 ó 77, viajando en coche en una u otra carretera, mi padre señalaba a un autoestopista parado a la vera del camino una milla o dos más adelante.

“Indio”, decía, de tratarse de un indígena, y mi padre nunca se equivocaba, aunque yo nunca podía ver si la figura distante era hombre o mujer, y mucho menos si se trataba de un indígena o no.

Si resultaba que la figura distante era caucásica, mi padre seguía de largo sin hacer ningún comentario.

Así fue que aprendí a estar callado en presencia de personas blancas.

El silencio no es debido a odio, dolor o temor. Los indígenas simplemente quieren creer que la gente blanca desaparecerá, tal vez explotará en una humareda, si se la ignora lo suficiente. Quizá mil familias blancas esperan todavía que sus hijos e hijas regresen a sus casas, y no los reconocen cuando retornan flotando como una bruma matutina.

“Mejor nos detenemos”, decía mi madre desde el asiento del acompañante. Ella era una de esas mujeres Spokane que siempre llevaba un pañuelo de color púrpura atado firmemente en su cabeza.

Estos días, por lo general su pañuelo es de color rojo. Hay razones, motivos, tradiciones detrás de la selección del color, pero mi madre las mantiene en secreto.

“Hagan lugar”, nos decía mi padre a mis hermanos y a mí que nos sentábamos en el piso del enorme compartimiento para pasajeros de nuestra camioneta azul. Nos sentábamos sobre muestras de alfombras porque mi padre había arrancado los asientos en un momento de sobria furia poco después de haberle comprado la camioneta a un hombre blanco que estaba loco.

Ahora tengo tres hermanos y tres hermanas. En aquel entonces, tenía cuatro de cada sexo. Me perdí uno de los entierros y lloré hasta enfermarme durante el otro.

“Hagan lugar”, repetía mi padre – que solía decir todo dos veces – y sólo entonces nos apresurábamos a hacer lugar para el autoestopista indígena.

Naturalmente, era fácil hacer lugar para un autoestopista, pero los indígenas por lo general viajaban en grupos. Una o dos veces, nos paramos para llevar a un equipo de jugadores de baloncesto compuesto enteramente por indígenas, junto con sus técnicos, novias y primos. Quince o veinte indígenas desconocidos se apretujaron en la parte trasera de la camioneta azul junto con nueve chiquillos indígenas con ojos muy abiertos.

En aquél entonces, me encantaba el olor de los indígenas, particularmente el de los autoestopistas indígenas. Por lo usual estaban sumidos en algún grado de embriaguez, muchas veces necesitaban jabón y una toalla, y siempre estaban listos para cantar.

Oh, las canciones. Melancólicos cantos indígenas cantados a toda voz. Los llamábamos los “49”, esas canciones transculturales que combinaban letras indígenas adaptadas a cada canción que Hank Williams jamás grabara. Hank era nuestro Jesús, Patsy Cline era nuestra Virgen María y Freddy Fender, George Jones, Conway Twitty, Loretta Lynn, Tammy Wynette, Charley Pride, Ronnie Milsap, Tanya Tucker, Marty Robbins, Johnny Horton, Donna Fargo y Charlie Rich eran nuestros discípulos.

Todos sabemos que la nostalgia es peligrosa, pero recuerdo esos días con la conciencia tranquila. Está claro que ahora vivimos en días diferentes y no hay tantos autoestopistas indígenas como solía haber.

En One Good Man el narrador examina su vida mientras cuida a su padre, un diabético con un miembro amputado que ha regresado del hospital para morir. En el cuento se pregunta repetidamente, y le pregunta al lector, “¿Qué es un indígena?” – y ofrece cada vez una respuesta diferente. “¿Un indígena es un chiquillo que puede entrar sin anunciarse en diecisiete diferentes casas?” O “¿Un indígena es el hijo que puede pararse en el umbral de la puerta y observar a su padre mientras duerme?” Después que su padre le habla acerca de un sueño, decide llevarlo en un viaje a México. Esta es la última viñeta del cuento.

Al sur de Tecate, en California, la camioneta sufrió una avería. Luego, cinco minutos más tarde, al norte de Tecate, en México, se rompió la silla de ruedas de mi padre.

Estuvimos parados (yo era el único parado) en la calzada caliente bajo el sol brillante.


“Casi habíamos llegado”, dijo mi padre.

“Alguien nos recogerá”, dije

“¿Nos recogerías tú?”

“¿Dos tipos de piel oscura, uno en silla de ruedas? Creo que los policías de inmigración podrían recogernos”.

“Bueno, entonces tal vez piensen que somos extranjeros indocumentados y nos deportan”.

“Esa sería una manera extraordinariamente irónica de entrar en México”.

Quería preguntarle a mi padre acerca de sus remordimientos. Quería preguntarle cuál fue el peor acto que había cometido en su vida. Su mayor pecado. Quería preguntarle si había alguna razón por la que la Iglesia Católica lo consideraría para la santidad. Quería abrir este diccionario y encontrar la definición de fe, esperanza, bondad, tristeza, tomate, hijo, madre, esposo, virginidad, Jesús, madera, sacrificio, dolor, pie, esposa, pulgar, mano, pan y sexo.

“¿Tú crees en Dios?” le pregunté a mi padre.

“Dios tiene un gran potencial”, me dijo.

“Cuando tú oras”, le pregunté. “¿Acerca de qué oras?”

“Eso no es cosa tuya”, dijo.

Nos reímos. Pasamos horas esperando que alguien nos ayudara. ¿Qué es un indígena? Levanté a mi padre y lo cargué a través de la frontera.

Copyright © 2000 por Sherman Alexie. Utilizado con el permiso de Grove/Atlantic, Inc.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o las políticas del gobierno estadounidense.

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