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12 junio 2009

Ceremonias

Joseph Bruchac

 
Cada año los indios de Estados Unidos se congregan en Albuquerque, Nuevo México, para celebrar el Powwow.

Este artículo pertenece al Periódico Electrónico "Pueblos indígenas de hoy: vivir en dos mundos"". Para consultar los demás artículos de esta publicación haga clic a la derecha.

Su herencia india abenaki inspiró a Joseph Bruchac a ser narrador y dedicar su vida a iluminar las tradiciones de las diversas tribus nativas estadounidenses. Los abenakis son una de las cinco tribus que formaban la Confederación Wabanaki en la región oriental de América del Norte. Bruchac es autor de más de 70 libros de poesía, ficción y no ficción para adultos y niños y ha recibido numerosos galardones, entre ellos el American Book Award, Scientific American Children’s Book Award, Cherokee Nation Prose Award y Hope S. Dean Award for Notable Achievement in Children’s Literature. Es fundador del Greenfield Review. Ha actuado ampliamente como narrador en todo Estados Unidos y en el exterior.

Camino con la belleza ante mi
camino con la belleza debajo de mi
camino con la belleza en torno de mi
en la belleza todo se restaura
en la belleza todo se hace entero…

                —  del Diné “Nightway”

“Todas las mañanas, cuando me levanto para beber agua de la pileta, siempre me acuerdo de darle gracias al agua”. Estas palabras me las dijo hace 30 años Dewasentah, una madre del clan onondaga que siempre me estaba recordando la relación sagrada que hay entre todas las cosas y la responsabilidad que tenemos los seres humanos de reconocer esa relación.

Una de las maneras en que se expresa esa relación en la vida estadounidense es a través de lo que los europeos llaman “ceremonia”. El diccionario define ceremonia con un acto formal o una serie de actos desempeñados de manera solemne como lo prescribe el procedimiento ritual o tribal. Aunque esto es ciertamente verdad, también se puede decir que para el indio estadounidense la ceremonia es la vida misma. El anciano mohawk Tom Porter me dijo que una razón por la que tenemos tantas ceremonias es porque los seres humanos son olvidadizos. Sería suficiente si simplemente recordásemos dar gracias cada día y luego comportarnos de una manera agradecida y respetuosa. Pero cada vez que nos olvidamos necesitamos más ceremonias para que nos ayuden a recordar.

Foto ampliada
Las tribus hacen danzas ceremoniales, en las que los niños aprenden sus tradiciones de los ancianos.
Las tribus hacen danzas ceremoniales, en las que los niños aprenden sus tradiciones de los ancianos.

Las prácticas ceremoniales indígenas estadounidenses pueden ser tan simples como ofrecer tabaco con una plegaria o tan complejas como las tradiciones curativas del Diné. Estas tradiciones, conocidas como “caminos”, involucran un hataaXii (o cantor) sumamente entrenado que ha pasado años memorizando las palabras y el protocolo de uno o más de estos caminos, cada uno de los cuales se usa con un propósito curativo particular. El más común, el de la Bendición, se usa con frecuencia para restablecer el equilibrio físico y espiritual de una persona. El de la Enemistad se usa para una persona Diné que ha estado en combate y tocó a un enemigo, lo cual causó un desequilibrio espiritual. Para la curación se pinta un dibujo seco en el suelo usando arena coloreada y pedazos de corteza molida. Este dibujo arenoso es un “mandala” (figura simbólica) que ilustra algún acto de la Historia de la Creación Diné, quizás de la historia de los Héroes Gemelos sobre un monstruo. La persona que será curada se sienta sobre el dibujo mientras el hataaXii canta el camino de Curación particular. Estos caminos pueden requerir varios días hasta que se completan. Se invita a muchas personas para que asistan debido a que la presencia de otros que desean ofrecer su apoyo hacen el camino de la Curación más exitoso.

Incluso algunos actos a los que se ve como nada más que juegos son con frecuencia parte de la práctica ceremonial nativa. Un ejemplo de esto es el juego indio estadounidense conocido como lacrosse. En mohawk se lo llama Tewaarathon y es el “gran juego” o el “juego del Creador”. Cuando se lo jugaba el campo podía tener kilómetros de extensión y participaba toda la población de una o más aldeas. Esos juegos generalmente se jugaban para restablecer la salud de la persona a la cual se lo dedicaba. Cuando el profeta iroqués Lago Hermoso se enfermó en su visita final a la nación onondaga en 1815, de inmediato se planificó y jugó un juego de lacrosse para tratar de sanar al anciano mortalmente enfermo. (Aunque no se curó, respondió al homenaje que le hacían diciendo: “Pronto iré a mi nuevo hogar. Pronto entraré en el nuevo mundo, porque hay un camino llano que me lleva hacia allí”).

Algunas de las ceremonias más conocidas entre los nativos han sido sensacionalizadas o mal interpretadas. Los antropólogos se han referido a las ceremonias “potlatch” de muchos de los pueblos nativos de la costa noroeste del Pacífico como “una lucha con la riqueza”, para describir las ceremonias en las que una figura prominente trata de superar a un rival regalando o destruyendo vastas cantidades de posesiones personales. El gobierno canadiense y la Oficina de Asuntos Indios de Estados Unidos se alarmaron tanto por su percepción de los potlatches como un despilfarro que se los prohibió durante mucha parte del siglo 20. Aunque los potlatches eran, por cierto, actuaciones ostentosas para crear o restaurar prestigio, encierran mucho más de lo que entendían los europeos. La palabra potlatch misma viene del vocablo nootka patshatl, que significa “dar”. Podría decirse que aunque la acumulación de riqueza personal es una norma social deseable en la cultura general estadounidense, en las culturas indígenas americanas es simplemente lo opuesto.

El gran jefe lakota Toro Sentado dijo una vez que su pueblo lo amaba porque era tan pobre.

La tradición del regalo como ceremonia para dar gracias mostrando gran generosidad está extendida a través de la Norteamérica nativa. Conozco a una familia cheyenne en Montana que prometió realizar una gran ceremonia de regalo si su hijo regresaba a salvo de Vietnam. Durante todo el tiempo que él estuvo ausente acumularon grandes cantidades de cosas para dar: frazadas, latas de comida, toda clase de cosas. Cuando él regreso a casa a salvo se realizó la ceremonia del regalo. No sólo dieron todo lo que habían juntado sino que también se sintieron felices regalando su heladera, su televisor, su tocadiscos, su radio, su camioneta y toda su ropa propia. Finalmente firmaron y regalaron el título de propiedad de su casa. No sólo mostraron cuan grande era el amor por su hijo, sino cuan agradecidos estaban al Maheo, el Gran Misterio, y también se crearon una gran reputación en su comunidad. Aunque ahora son pobres, ante los ojos de su pueblo son ricos.

En el mejor de los casos, el potlatch era una manera de redistribuir la riqueza material en vez de dejarla en manos de unos pocos. El desenfreno de los potlatches a fines de la década de 1800 en que las frazadas y otros bienes no sólo se regalaban sino que también se quemaban parece haber sido resultado del influjo de bienes europeos y el potencial de acumular riqueza excesiva por parte de quienes comerciaban con los blancos. En la actualidad el potlatch ha sido restaurado en muchas de las naciones tribales del noroeste como una ceremonia para dar gracias y ganar honor con la generosidad.

Las ceremonias nos recuerdan, a través de las canciones, los relatos, la danza y las vestimentas, por medio del ritual y del sacrificio, que somos uno con todo lo que nos rodea. Que la manera natural y apropiada es estar en equilibrio dentro de nosotros mismos y con el mundo en torno a nosotros. Por medio de las ceremonias podemos reconocer y restaurar ese equilibrio.  

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