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12 junio 2009

Universo de espíritus

Vine Deloria (h)

 
Vine Deloria Jr. fué un destacado historiador indígena en Estados Unidos.

Este artículo pertenece al Periódico Electrónico "Pueblos indígenas de hoy: vivir en dos mundos"". Para consultar los demás artículos de esta publicación haga clic a la derecha.

Muchos consideran que el dakota sioux Vine Deloria (h) (1933-2005) es el principal estudioso indígenas estadounidense sobre el siglo pasado. Sus enseñanzas, estudios y escritos eclécticos siguen influyendo a los estadounidenses nativos y no nativos por igual. Sus obras sobre historia, leyes, religión y ciencias políticas, con frecuencia provocativas, han ayudado a formar las actitudes hacia los nativos estadounidenses y a defender sus derechos. Su primer libro, Custer Died for Your Sins (Custer murió por los pecados de usted), lo hizo conocido y los numerosos libros que escribió después apuntaron a restaurar la cultura indígena en un sitial de honor. Prestó testimonio ante el Congreso de Estados Unidos sobre asuntos indígenas y fue profesor en las universidades de Colorado y de Arizona. Discutía con humor y agudeza. Una cita famosa de Deloria: “Cuando un antropólogo le preguntó cómo es que los indígenas llamaban a América antes de la llegada del hombre blanco, el indígena respondió simplemente: ‘nuestra’”.

De God Is Red (Dios es rojo)

Cuando yo era muy pequeño y viajaba con mi padre por Dakota del Sur, él señalaba frecuentemente colinas escarpadas, cañones, cruces de ríos y antiguas carreteras y me contaba sus historias. En aquellos días, antes de las supercarreteras interestatales, cuando las rutas eran a menudo dos huellas profundas junto a una cerca, era posible observar los lugares desde poca distancia, de manera que se adquirían recuerdos indelebles sobre ciertas características del panorama dada la proximidad del sitio y por los relatos que venían con ellos. Él parecía recordar detalles que otra gente no había percibido o nunca había conocido. Él podía indicar mesetas donde se celebraba la búsqueda de visiones (ritos espirituales de iniciación en la edad adulta), la colina cerca de Standing Rock [en “dakota”, roca parada] donde la mujer vivía con los lobos y oscuros rellanos junto al río Missouri por donde cruzaba la gente o donde el famoso bandido y pariente lejano Jack Sully se escapó de un grupo de vigilantes.

Llegué a reverenciar ciertos lugares y recogí los relatos lo mejor que pude, aunque las visitas a esos sitios fueron pocas y muy esparcidas. Me parecía que el recuerdo de las actividades humanas en ciertos lugares las investía de una cierta calidad sagrada que no se podría haber adquirido de otra manera. Gradualmente comencé a entender una distinción acerca de la sacralidad de los lugares. Algunos sitios eran sagrados por sí mismos, otros habían sido reverenciados por generaciones de personas y ahora eran parte de su historia y, como tales, venerados por ellos y una parte de su propio ser. Al ganar impulso el movimiento indio de protesta y atraer a muchos jóvenes a sus actividades, mucha de la concentración de energías se dedicó a restaurar los sitios sagrados y a reanudar las ceremonias en ellos.

Al reflexionar sobre los ancianos a quienes yo observaba cuando era niño y la profunda sinceridad de sus creencias, su humildad e indecisión para apresurarse a dar respuesta a preguntas importantes, cuando escribí el libro [God Is Red] sentí que buscaba un mayor aprecio de nuestras tradiciones religiosas. Desde que escribí el libro he ido creyendo de manera gradual, cada vez más, que los relatos antiguos deben tomarse literalmente en todo lo que sea posible, que nuestros ancestros experimentaron secretos profundos y un conocimiento más hondo de la complejidad de nuestro universo y que algunas de sus creencias y experiencias pueden volver a ser nuestras.

El santón oglala lakota Alce Negro tuvo visiones de muchos aros con mucha gente y siempre reconocemos que hay otras tradiciones con sus ceremonias, de manera que la sacralidad no está restringida a un grupo particular de personas y sus creencias. No obstante, un examen de las tradiciones tribales mostrará que los senderos indios hacia el encuentro con el Gran Misterio de la Vida son generalmente directos y satisfactorios. Se puede examinar casi cualquier tribu y el resultado será una colección grande de relatos sobre cómo la gente usaba poderes espirituales para vivir, y estos poderes casi siempre están a nuestra disposición en un lugar sagrado donde los términos de la experiencia no son definidos por el tiempo y el espacio.

God Is Red: A Native View of Religion Copyright ©1972, Fulcrum Publishing. Reservados todos los derechos.

De The World We Used to Live In (El mundo en que solíamos vivir)

Cada tribu india tiene una herencia espiritual que la distingue de todos los otros pueblos. La mayor parte de las tribus, en efecto, se describían a sí mismas en el pasado como “el pueblo” o “el pueblo original”, reconociendo su relación única con el mundo y sus criaturas. Al considerarse a ellas mismas como únicas, seguían rigurosamente las órdenes de los espíritus como ellas los habían experimentado durante incontables generaciones y reconocían que otros pueblos tenían los mismos derechos y condición que ellas. De manera que la idea de pelear por cómo vivían sus tradiciones se consideraba absurda. Las guerras religiosas, entonces, eran simplemente inconcebibles y aunque podrían haber combatido ferozmente por terrenos de caza y pesca o iniciado hostilidades por venganza, lo más cerca que llegaron a pelear por creencias y prácticas fue para encontrar medicinas – poderes – que pudieran negar la medicina y el poder poseído por los otros pueblos.

Las tribus parecen haber compartido muchas avenidas de expresión espiritual. Muchas tribus practicaban la danza del sol, el refugio del espíritu, la búsqueda de la visión, el refugio de [purificación por] el sudor, el uso de piedras sagradas y otros rituales, con variaciones de formato ligeras, que se habían originado en el pasado. Ciertas aves y animales ofrecían su ayuda a la gente con cierto grado de uniformidad. El oso, el lobo, el águila, el búfalo y la serpiente prestaban sus poderes a la gente de muchas tribus, aunque sus funciones como sanar, profetizar o proteger contra peligros eran con frecuencia similares.

Habiendo crecido en el condado Bennett, en Dakota del Sur, habiendo oído los relatos de los tiempos viejos y habiendo conocido, de tanto en tanto, las cosas inusitadas que todavía hacían los líderes espirituales, nunca cuestioné emocional o intelectualmente la veracidad de las antiguas narraciones. En el curso de los años he oído relatos hechos por otros o he encontrado accidentalmente descripciones de incidentes en los cuales se exhibieron poderes asombrosos. Nuestros ancestros invocaron la ayuda de entidades espirituales superiores para resolver problemas prácticos apremiantes, como encontrar animales para cazar, predecir el futuro, aprender sobre medicinas, participar en curaciones, hablar con otras criaturas, encontrar objetos perdidos y cambiar el curso de los eventos físicos por medio de una relación con los espíritus superiores que controlaban los vientos, las nubes, las montañas, los truenos y otros fenómenos del mundo natural. Al saber lo poco que existen las supersticiones en las comunidades indias siempre he considerado esos relatos como recuentos de recuerdos verdaderos de acontecimientos pasados. Los curanderos, en su mayor parte, realizaban sus curaciones y predicciones frente a grandes audiencias indias que les decían “Muéstrame”, mucho antes de que el estado de Missouri hubiera adoptado el eslogan para sí mismo.

 

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