12 junio 2009
Jace Weaver
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Jace Weaver desempeña la cátedra Franklin de Religión y Estudios Nativos Americanos, es profesor de derecho y director del Programa del Instituto de Estudios Nativos Americanos en la Universidad de Georgia en Athens, Georgia. Con títulos académicos en ciencias políticas, teología y derecho, su obra abarca diversas disciplinas. Es autor o editor de nueve libros y en la actualidad trabaja, con su esposa Laura Adams Weaver, en un libro sobre el destierro de los cherokees. Fue asesor de la serie documental de PBS en 2009 We Shall Remain (Permaneceremos) Episodio 3, “Trail of Tears” (Senda de Lágrimas), que presenta la historia desde la perspectiva indígena. Tiene ancestro cherokee.
Cuando los estadounidenses vieron las noticias de la noche por televisión el 21 de noviembre de 1969 quedaron impresionados al enterarse de que los indios habían ocupado la abandonada prisión federal de Alcatraz en la bahía de San Francisco. Su sorpresa fue causada no tanto por el activismo extremista – para 1969 los estadounidenses ya se habían acostumbrado a ver protestas en sus televisores – como por el descubrimiento de que en Estados Unidos todavía existían indios. Para muchos estadounidenses los indios (o nativos americanos) nunca habían pasado del siglo 19 al siglo 20. Se olvidaron de la existencia de los indios cuando se declaró el final de las guerras indias en 1890.
Al estadounidense promedio se le puede perdonar su ignorancia. La prensa hizo poco para cubrir los asuntos que involucrasen a los habitantes aborígenes de Estados Unidos. Henry Luce no era atípico. El poderoso propietario de las revistas Time y Life tenía “una política absoluta y aparentemente inquebrantable en contra de la publicación de cualquier información sobre los indios, en cualquier parte del país”. Luce consideraba a los actuales indios estadounidenses como “farsantes”, según Alvin Josephy en “New England Indians: Then and Now”, en The Pequots in Southern New England: The Fall and Rise of an American Indian Nation (1990) [Los indios de Nueva Inglaterra, entonces y ahora. Los pequots del sur de Nueva Inglaterra: caída y surgimiento de una nación india americana].
Los indios que ocuparon Alcatraz basaron sus acciones en una vaga noción del Tratado de Fort Laramie de 1868, que puso fin a la guerra del jefe oglala lakota Nube Roja contra Estados Unidos, que permitía a los indios reclamar propiedad federal excedente. Los indios retuvieron la isla durante 19 meses. Fue la primera de varias ocupaciones y protestas semejantes.
Estos acontecimientos no sólo despertaron a la población general sobre la presencia de los indios estadounidenses modernos; tampoco pasaron desapercibidos en los corredores del poder. En julio de 1970 el presidente Richard Nixon (1969-1974), en un mensaje especial al Congreso, anunció una nueva dirección en la política indígena: autodeterminación. Las tribus indias serían alentadas a manejar sus propios asuntos. Esta política reemplazó la que había regido durante los 25 años previos, Terminación, que ponía fin al reconocimiento de las naciones indias soberanas, sus leyes tribales y administración de la tierra. Por medio de la asimilación y de legislación los gobiernos federal y estatales trataron de acabar con la relación especial entre las tribus y el gobierno definida por los tratados y, esencialmente, para eliminar a los indios como culturas nativas distintas.
En efecto, durante 233 años la política gubernamental hacia los habitantes originales del país había oscilado como un péndulo, entre fomentar la supervivencia cultural o la asimilación enérgica. A medida que cada política daba paso a la otra, el propósito en todo caso era resolver “el problema indio”. Para los legisladores el problema era el estatus especial de los indios y de las tribus indias, lo que en Canadá (donde la ley y la política siguen más o menos un paralelo con Estados Unidos) se llama “ciudadanía plus”. Las tribus indias son soberanías separadas dentro del sistema federal. Son “naciones dentro de una nación”, un estatus confirmado por los tratados y por la Constitución de Estados Unidos. Los miembros de las tribus reconocidas federalmente son por lo tanto personas con ciudadanía doble, la de Estados Unidos y la de su nación nativa. Con cada giro nuevo de la política, los legisladores han tratado de “sacar el asunto de los indios” al gobierno federal.
Autoridad sobre los indios
En realidad, para comprender la política estadounidense sobre los indios y el lugar que ocupan los nativos hay que remontarse a antes del comienzo del período colonial. Después del fin de la guerra entre los franceses y los indios en 1763, Francia cedió a Gran Bretaña su Nueva Francia (Canadá y los territorios entre el río Mississippi y las llamadas montañas orientales). Para llevar orden al territorio recientemente adquirido, el rey Jorge III emitió una proclama real. Establecía que ni los individuos ni las colonias podían comprar o tomar tierras de los indios. Ahora la Corona era la única que podía tomar tierra de los indios, y había sólo una manera de obtenerla: un tratado por el cual una tribu cedía sus tierras. También procuraba establecer “una línea colonial blanca permanente” en Norteamérica. Para las 13 colonias americanas esto era la cadena de los Apalaches, una línea de demarcación que fue violada aún antes de haber sido establecida.
Después de la revolución (1775-1783), Estados Unidos se calzó los zapatos de Gran Bretaña. La Constitución de Estados Unidos (Artículo I, Sección 8) le concede al Congreso el poder de “regular el comercio… con las tribus indias”. A través del tiempo se ha interpretado esto como el otorgamiento al gobierno federal de autoridad exclusiva y total sobre los indios. En 1790 el Congreso aprobó la Ley de Comercio y Trato, que reflejaba la proclama real. Antes de ser presidente, George Washington escribió que “la política y la practicabilidad apuntan muy fuertemente a … la propiedad de comprar sus Tierras antes que tratar de alejarlos de su país por la fuerza de las armas; lo cual como ya hemos experimentado es igual a alejar a las Bestias Salvajes del Bosque, al cual retornarán tan pronto como haya terminado la persecución y caerán quizás sobre quienes hayan quedado allí; la extensión gradual de nuestras Colonias ciertamente causará la retirada del Salvaje y del Lobo, siendo ambos bestias depredadoras aunque difieran en forma”. (Carta de George Washington a James Duane, 7 de septiembre de 1783, citada en Francis Paul Prucha, editor, Documents of United States Indian Policy (1990))
El presidente Washington (1789-1797) siguió una política de asimilación en el lugar, “Civilización” e Incorporación de los indios a la nueva nación en la que se encontraban.
Aunque la posición de Washington permanecería como política oficial durante 40 años, cuando llegó la presidencia de Thomas Jefferson (1801-1809) ya había señales de cambio. Haciéndose eco de Washington pero indicando una nueva política, Jefferson escribió que “nuestras colonias gradualmente limitarán y se acercarán a los indios, y ellos con el tiempo se incorporarán a nosotros como ciudadanos de Estados Unidos, o se irán más allá del Mississippi. Lo anterior es ciertamente la terminación más feliz de su historia para ellos”. (Carta de Thomas Jefferson a William Henry Harrison, 27 de febrero de 1803). Después de la Compra de Louisiana, incluso sugirió hacer del río Mississippi la nueva línea colonial blanca permanente en Norteamérica. Aunque Jefferson prontamente abandonó la idea, más tarde la remoción de los indios al oeste fue parte del discurso público, de inevitabilidad creciente. En 1830 el Congreso aprobó la Ley de Remoción de los Indios. Entre 1831 y 1839 las tribus principales del sudeste, las llamadas Cinco Tribus Civilizadas, fueron reubicadas en el Territorio Indio (actualmente Oklahoma). La remoción estuvo destinada a eliminar un obstáculo para las colonias blancas, pero también tenía la intención de permitir a las naciones nativas que mantuvieran sus gobiernos y culturas fuera de Estados Unidos.
El apoyo al reasentamiento se redujo, en gran parte debido a la brutalidad de la marcha forzada de los cherokees al oeste, una travesía que llegó a conocerse como la Senda de las Lágrimas. Después de 1839 la agenda política estuvo dominada por las diferencias seccionales entre el Norte y el Sur que conducirían a la guerra civil estadounidense (1861-1865). Después de la guerra civil, sin embargo, se reanudó la expansión hacia el oeste. Volvió a presentarse la necesidad de remover a los indios, como impedimento a las colonias blancas. Esto introdujo el período de la política de las Reservas.
Las Reservas se intentaron como medidas temporales mientras los indios se preparaban para la ciudadanía, aprendiendo la agricultura y las artes mecánicas. Las tierras de las reservas eran mantenidas comunalmente por el gobierno federal para los indios que vivían allí. En 1887 el Congreso decidió darles propiedad privada, como un instrumento adicional “civilizador”. Bajo la Ley General de Adjudicación, las reservas se dividieron en parcelas pequeñas y se repartieron a familias e individuos nativos. Con la Adjudicación el péndulo político volvió a inclinarse hacia la asimilación forzada. En 1901 el presidente Teodoro Roosevelt (1901-1909) la llamó “una máquina pulverizadora poderosa para romper la masa tribal”. (Primer discurso anual del presidente Theodore Roosevelt al Congreso, 3 de diciembre de 1901). Como resultado de la Adjudicación el 65 por ciento de las tierras indias pasó a manos nativas entre 1887 y 1934.
El Nuevo Tratado Indígena
Como con todas las políticas anteriores, las de Reservas y Adjudicación no lograron los objetivos deseados y fracasaron en resolver “el problema indio”. Los vientos políticos cambiaron. Le quedó al primo de Teodoro Roosevelt cambiar la política de vuelta a la preservación política y cultural. Durante la presidencia de Franklin D. Roosevelt (1933-1945) el secretario del Interior, Harold Ickes, y el Comisionado de Asuntos Indios, John Collier, crearon el Nuevo Tratado Indígena.
La base del Nuevo Tratado Indio fue la Ley de Reorganización India (siglas en inglés IRA) de 1934. La ley alentaba a las tribus a redactar constituciones escritas y a gobernase por sí mismas, sujetas a la supervisión de la Oficina de Asuntos Indios. Aunque algunas naciones tribales resistieron la IRA por considerar que infringía la soberanía nacional tribal inherente, la nueva era política significó un cambio importante para bien. La legislación también terminó la Adjudicación y legalizó la práctica de las religiones nativas tradicionales (que habían sido criminalizadas durante el período de las Reservas).
Así como los acontecimientos que condujeron a la guerra civil apartaron a los indios de la agenda pública, lo mismo ocurrió con la segunda guerra mundial. En los años posteriores a la guerra, sin embargo, las fuerzas que se oponían a la soberanía nativa volvieron a afirmarse y desmantelaron el Nuevo Tratado Indio. En 1948 el Congreso creó una comisión especial en el gobierno, encabezada por Herbert Hoover. Como presidente (1929-1933), Hoover había frenado efectivamente la Adjudicación pero no había hecho nada para cambiar efectivamente la política. A pesar de los adelantos hechos durante el gobierno de Franklin D. Roosevelt, el informe de la Comisión Hoover retornó a la época de Teodoro Roosevelt, al declarar que “la base de la cultura india histórica ha sido barrida. La organización tribal tradicional ha sido aplastada hace una generación. La meta de la política pública debe ser la asimilación”. (Cita en el libro de Charles F. Wilkinson, Blood Struggle: The Rise of Modern Indian Nations (2005). La Terminación, por la cual el gobierno federal trató de cortar su relación de gobierno a gobierno con las naciones indias – aboliendo efectivamente a las tribus – pasó a ser la política federal. Un componente clave de la política fue el Reasentamiento, un programa para sacar a los indios fuera de las reservas y llevarlos a las ciudades donde había necesidad de una gran población de mano de obra. La persona que el presidente Harry Truman (1945-1953) escogió para administrar la Terminación y el Reasentamiento, como comisionado de Asuntos Indios, fue Dillon S. Myer. La experiencia previa de Myer con minorías estadounidenses fue durante la Segunda Guerra Mundial, cuando encabezó la Administración de Reasentamientos de Guerra, encargada de supervisar los campos de internación de los estadounidenses de ascendencia japonesa. La adjudicación provocó la pérdida del 65 por ciento de las tierras indias; en la actualidad en gran parte debido a la Terminación y Reasentamiento más del 70 por ciento de los indios estadounidenses viven fuera de las reservas.
Autodeterminación
El presidente John F. Kennedy (1961-1963) suspendió la aplicación federal de la Terminación, pero fue el presidente Nixon quien anunció la política de Autodeterminación, que sigue siendo la política oficial en la actualidad. En los pasados 40 años las naciones nativas han tomado un control creciente de sus destinos, gobernándose a sí mismas y a sus ciudadanos.
Hoy en día hay 562 tribus reconocidas federalmente. Aunque la pobreza y las disparidades de salud siguen siendo problemas críticos, gracias a la decisión de la Corte Suprema en el caso California v. Cabazon Band of Mission Indians (1987), que ordenó que los estados no pueden prohibir el juego en los territorios indios soberanos, algunas tribus han logrado la independencia económica. Las naciones tribales han aumentado la zona de la soberanía tribal.
Jeff Corntassel y Richard Witmer argumentan en un libro reciente, e importante, que la era política ha vuelto a cambiar. Sostienen que vivimos en la era del “federalismo forzado” porque desde 1988, con la aprobación de la Ley Reglamentaria del Juego Indio (una respuesta a la decisión Cabazon), el Congreso obliga a las naciones nativas negociar con los gobiernos estatales respecto al establecimiento de casinos de juego. Esto representa una intrusión de los estados en la soberanía tribal que no se había visto desde la política de Terminación.
Aunque todavía es muy pronto en la gestión del presidente Barack Obama para discernir la dirección de su política relacionada con los indígenas estadounidenses, hay indicaciones de que continuará e incluso fortalecerá la política de Autodeterminación. En 2008, durante su campaña presidencial se refirió muy favorablemente a la soberanía nativa. Designó a Larry Echohawk, un estudioso legal pawnee y experto en política y leyes federales indias, para dirigir la Oficina de Asuntos Indios. Los nativos estadounidenses muestran cautela a pesar de estos signos esperanzadores. La historia les ha enseñado que si no es ahora puede ocurrir en algún momento en el futuro y el péndulo volverá a oscilar de una política de soberanía y supervivencia a otra de asimilación y extinción.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o la política del gobierno de Estados Unidos.