12 junio 2009

Las ideas de gobierno entre los indígenas y la Constitución de Estados Unidos

Bruce E. Johansen

 
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Este cinturón, denominado“wampum”, es un posible recuerdo de la visita de un jefe tribal al rey inglés Jorge III

Este artículo pertenece al Periódico Electrónico "Pueblos indígenas de hoy: vivir en dos mundos". Para consultar los demás artículos de esta publicación haga clic a la derecha.

El profesor Bruce E. Johansen desempeña la cátedra Frederick W. Kayser en la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Nebraska, en Omaha. Con su coautor Donald A. Grinde (h) fue precursor en la investigación — otrora controversial y ahora aceptada ampliamente — sobre la influencia importante de las prácticas de gobierno de los indios estadounidenses en la Constitución de Estados Unidos.

Además de los precedentes europeos bien conocidos – desde Grecia, Roma y el derecho consuetudinario inglés, entre otros – las ideas de democracia de los indios estadounidenses han contribuido a darle forma al gobierno de Estados Unidos. Los inmigrantes llegaron a la América colonial buscando libertad y la encontraron en las confederaciones de los iroqueses y otras naciones nativas. Para la época de la Convención Constituyente de 1787 estas ideas eran comunes en las antiguas colonias, como lo ilustran los debates que involucraron a Benjamín Franklin, Thomas Jefferson y John Adams. Más tarde, durante el siglo 19, los conceptos iroqueses de las relaciones de género tuvieron un impacto importante en las arquitectas principales del feminismo estadounidense. Estas ideas iluminan los debates políticos de hoy.

Para la época en que llegaron los inmigrantes europeos, las naciones nativas ya habían formado confederaciones a través de la región oriental de Norteamérica: los seminoles en lo que ahora es Florida, los cherokees y los choctaws en las Carolinas y los iroqueses y sus aliados los wyandots (hurones) en la parte superior del estado de Nueva York y en el valle Saint Lawrence.

El sistema de confederación iroqués fue el más conocido por los colonos, en gran parte porque los iroqueses ocupaban un lugar clave en la diplomacia, no sólo entre los ingleses y los franceses sino también entre las otras confederaciones nativas. El pueblo iroqués, llamado iroqués por los franceses y “las cinco (después seis) naciones” por los ingleses, se llamaba a sí mismo “haudenosaunee” o “pueblo de la casa larga” y controlaba el único tramo de tierra relativamente llano entre las colonias inglesas de la costa oriental y las colonias francesas en el valle Saint Lawrence.

La confederación iroquesa fue formada por el jefe hurón Deganawidah, el “Pacificador” según la tradición oral haudenosaunee, quien consiguió la ayuda de Aiowantha (llamado Hiawatha algunas veces) para propagar su visión de una confederación para controlar las rivalidades sangrientas. La confederación incluía originalmente a los mohawks, oneidas, onondagas, cayugas y senecas. La sexta nación, la de los tuscaroras, migró al país iroqués a comienzos del siglo 18 y fue adoptada. La confederación data probablemente del siglo 12 de la era actual según los estudios de Barbara A. Mann y Jerry Fields de la Universidad de Toledo.

La ley fundamental haudenosaunee, la Gran Ley de Paz, estipula hasta este día que la piel de los sachems (jefes) debe ser gruesa para que aguante las críticas de su gente: los sachems deben esforzarse en no enojarse cuando la gente examina su conducta en los asuntos de gobierno. El mismo punto de vista domina los escritos de Jefferson y Franklin, aunque no fue codificado plenamente en la legislación de Estados Unidos hasta que la decisión de la Corte Suprema en el caso New York Times v. Sullivan (1964) hizo virtualmente imposible que los funcionarios públicos pudieran entablar con éxito demandas por difamación.

La Gran Ley de Paz también provee la remoción del cargo de líderes que no pueden seguir desempeñando sus funciones adecuadamente, una medida notablemente similar a una enmienda constitucional adoptada por Estados Unidos a fines del siglo 20 que provee la remoción de un presidente incapacitado. La Gran Ley incluye provisiones que garantizan la libertad de religión y el derecho de reclamar ante el Consejo Grande. Prohíbe la entrada sin autorización en los hogares, todas ellas medidas que les resultan familiares a los ciudadanos de Estados Unidos en su Declaración de Derechos.

El procedimiento para debatir las políticas de la confederación comienza con los mohawks y los senecas, llamados “hermanos mayores”. Tras ser debatida por los Guardianes de la Puerta Oriental (mohawks) y los Guardianes de la Puerta Occidental (senecas), la cuestión se arroja “al fuego” a los estadistas oneidas y cayugas, los “hermanos menores”, para que la discutan. Una vez que se ha logrado un consenso entre los oneidas y los cayugas, la discusión vuelve a los senecas y mohawks para ser confirmada. Luego se presenta la cuestión a los onondagas para que resuelvan cualquier conflicto que haya quedado.

En esta etapa los onondagas ejercen un poder similar a la revisión judicial y funciones incorporadas en las comisiones bicamerales de conferencia del Congreso de Estados Unidos. Pueden plantear objeciones sobre la propuesta si creen que es inconsistente con la Gran Ley. Esencialmente, el consejo puede reescribir la ley propuesta para que sea concordante con la constitución de los iroqueses. Cuando los onondagas llegan al consenso, el tadodaho o jefe ejecutivo del Consejo Grande confirma la decisión. Este proceso refleja el énfasis en el mecanismo de control y equilibrio de poderes, debate público y consenso. La intención general de semejante procedimiento parlamentario es alentar la unidad en cada paso.

Los iroqueses y la federación colonial

En Lancaster, Pensilvania, el tadodaho iroqués Canassatego aconsejó en 1744 a los representantes coloniales sobre los conceptos de unidad iroqueses:

Nuestros antepasados sabios establecieron la Unión y la Amistad entre las Cinco Naciones. Esto nos hizo formidables; esto nos ha dado un gran Peso y Autoridad con nuestras naciones vecinas. Somos una confederación poderosa, y si ustedes observan los mismos métodos, los que han asumido nuestros antepasados sabios, ustedes adquirirán una Fuerza y un poder semejantes. Por lo tanto, pase lo que pase, nunca se separen.

Benjamín Franklin probablemente se enteró del consejo de Canassatego a los colonos al armar tipográficamente las palabras del sachem. La imprenta de Franklin imprimía tratados indios en folletos pequeños que se vendieron muy bien en las colonias entre 1736 y 1762. Incluso antes del primer intento de unificar a las colonias en el Congreso de Albany, Benjamín Franklin había estado reflexionando sobre las palabras de Canassatego. Usando el ejemplo de unidad de los iroqueses, Franklin trató de avergonzar a los colonos reticentes para que acordaran alguna forma de unión en 1751 cuando les espetó un insulto racial exagerado: “Sería una cosa extraña… que Seis Naciones de salvajes Ignorantes hayan sido capaces de formar semejante unión y puedan implementarla de tal manera que ha sobrevivido a las edades y parece indisoluble, pero que una unión como esa sea impracticable para diez o una docena de colonias inglesas, para las cuales es más necesaria y debería serles más ventajosa”. En realidad, la evidencia subsiguiente prueba que Franklin tenía un respeto saludable por los iroqueses. Comenzó su distinguida carrera diplomática representando a Pensilvania en los consejos para concertar tratados con los iroqueses y sus aliados y fue un defensor resuelto de la unión colonial.

El historiador Bruce E. Johansen

El 10 de julio de 1754 Franklin propuso formalmente su Plan de Unión ante el Congreso de Albany. Franklin escribió que los debates del Plan Albany “… ocurrían diariamente, de la mano con los asuntos indios”. El sachem iroqués Tiyanoga no sólo habló de los alrededor de 200 indios que asistieron al Congreso de Albany sino que también informó a los delegados coloniales sobre el sistema político iroqués, tal como lo había hecho Canassatego 10 años antes.

Al preparar su borrador final del Plan Albany para la unificación colonial, Franklin satisfacía varias demandas diplomáticas: las de los británicos, por el control; las de las colonias para autonomía dentro de una confederación amplia, y las de los iroqueses, de una unión colonial similar a la de ellos en forma y función. Para los británicos, el plan proveía una administración encabezada por un presidente general designado por Inglaterra. A las colonias individuales se les permitiría que retuviesen sus propias constituciones, excepto en lo que las limitase el plan. La retención de la soberanía interna dentro de las colonias individuales semejaba estrechamente el sistema iroqués y no había en Europa un precedente semejante.

Thomas Jefferson y el concepto de gobierno de los indios americanos

Aunque Franklin y Jefferson eran demasiado pragmáticos para creer que podían copiar el “estado natural”, su imagen fue impresa desde el comienzo en el tejido ideológico nacional de Estados Unidos. Jefferson escribió: “La única condición en la tierra que se puede comparar con la nuestra, en mi opinión, es la del Indio, donde ellos tienen aún menos leyes que nosotros”. Cuando Thomas Paine escribió en la primera página de su influyente panfleto Sentido Común que “el gobierno, como la ropa, es el símbolo de la inocencia perdida”, estaba recapitulando observaciones de las sociedades nativas americanas.

Al escribirle a Edward Carrington en 1787, Jefferson vinculó la libertad de expresión con la felicidad y la opinión pública, citando como ejemplo a las sociedades nativas americanas:

Al ser la opinión del pueblo la base de nuestro gobierno, nuestro primer objeto debería ser mantener ese derecho; y si me dejaran a mí decidir si deberíamos tener un gobierno sin diarios o diarios sin gobierno, no vacilaría ni un instante en preferir lo último…. Estoy convencido de que esas sociedades [las de los indios] que viven sin gobierno gozan en su masa general de un grado de felicidad infinitamente más grande que la de quienes viven bajo los gobiernos europeos”.

Para Jefferson, “sin gobierno” no podía haber significado sin orden social. Él, Franklin y Paine conocían a las sociedades nativas demasiado bien para argumentar que los indios americanos funcionaban sin cohesión social. Está claro que los iroqueses, por ejemplo, no organizaron “sin gobierno” una confederación con alianzas que se extendían sobre una gran parte del noreste de Norteamérica. Lo hicieron, sin embargo, con un concepto no europeo de gobierno, del cual Jefferson, Paine y Franklin eran estudiantes apreciativos que procuraron incluir la “ley natural” y los “derechos naturales” en sus designios para Estados Unidos durante la era revolucionaria.

Un debate sobre el federalismo en la Convención Constituyente

En junio de 1787 los delegados de la Convención Constituyente se encontraban enfrascados en un debate sobre la naturaleza fundamental de la Unión. Muchos delegados parecían estar de acuerdo con James Wilson cuando éste declaró el 1 de junio de 1787 que él no sería “gobernado por el modelo británico que es inaplicable a este país”. Wilson creía que el tamaño de Estados Unidos era tan grande y sus ideales tan “republicanos que nada sino una gran república confederada sería suficiente”.

En 1787, en vísperas de la Convención Constituyente, John Adams publicó su ensayo Una Defensa de las Constituciones de Gobierno de los Estados Unidos de América. Aunque Adams fue seleccionado como delegado de Massachussets a la Convención Constitucional, decidió no asistir y en cambio publicó su extenso ensayo. La Defensa de Adams era un examen crítico de los gobiernos del mundo que incluía una descripción de los gobiernos iroqués y de otros nativos americanos así como otros ejemplos históricos de confederaciones en Europa y en Asia.

La Defensa de Adams no era un aval incondicional de los modelos nativos de gobierno. Rechazaba los argumentos de Franklin, quien abogaba por una legislatura unicameral similar al Consejo Grande iroqués, un modelo que se había usado en el Plan Albany y en los Artículos de Confederación. Adams no confiaba en el modelo de consenso que parecía funcionar bien para los iroqueses. Adams creía que sin las provisiones de control y equilibrio incorporadas en dos cámaras, el sistema sucumbiría a los intereses especiales y se disolvería en anarquía o despotismo. Cuando Adams describe la independencia de los mohawks la critica, en tanto que Franklin habla de los gobiernos indios de una manera mucho más aprobadora.

Las ideas de los indios americanos y los orígenes del feminismo estadounidense

Un aspecto de la vida india americana que intrigó, desconcertó y algunas veces alarmó alternadamente a los observadores europeos y europeo-americanos, la mayoría de los cuales eran hombres, durante los siglos 17 y 18 fue el papel influyente de la mujer. En muchos casos ejercían posiciones clave en los sistemas políticos nativos. Por ejemplo, las iroquesas proponían a los hombres para las posiciones de liderazgo y podían “descornarlos” o impugnarlos por mala conducta. Las mujeres con frecuencia tenían poder de veto sobre los planes bélicos de los hombres. En una sociedad matrilineal [en la que la descendencia se define por la línea materna] – y casi todas las confederaciones fronterizas con las colonias eran matrilineales – las mujeres poseían todos los bienes de la familia, excepto las ropas, armas e implementos de caza de los hombres. También eran los conductos principales de cultura de generación en generación.

El papel de las mujeres en la sociedad iroquesa inspiró a algunas de las defensoras más influyentes del feminismo moderno en Estados Unidos. Los iroqueses figuran de manera importante en el libro seminal de lo que Sally R. Wagner llama “la primera ola del feminismo”: La mujer, la iglesia y el estado, de Matilda Joslyn Gage (1893). Gage reconoce en ese libro, según los estudios de Wagner, que “el mundo moderno está en deuda con los iroqueses por su primera concepción de los derechos inherentes, igualdad natural de condición y el establecimiento de un gobierno civilizado sobre esta base”.

Gage fue una de las tres feministas estadounidenses más influyentes del siglo 19 junto con Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony. La propia Gage fue admitida en el Consejo de Matronas iroqués y fue adoptada por el Clan del Lobo con el nombre Karonienhawi, “la que sostiene el cielo”.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o las políticas del gobierno de Estados Unidos.

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