12 junio 2009
Angayuqaq Oscar Kawagley

Este artículo pertenece al Periódico Electrónico "Pueblos indígenas de hoy: vivir en dos mundos". Para consultar los demás artículos de esta publicación haga clic a la derecha.
Angayuqaq Oscar Kawagley es profesor emérito de pedagogía en la Universidad de Alaska, Fairbanks, y por largo tiempo ha estado interesado en las ciencias biológicas. Nació en una familia indígena tradicional, la tribu yupiaq de Alaska, y fue criado por su abuela desde los dos años de edad, después de la muerte de sus padres. La abuela hablaba solamente yupiaq, de manera que ese fue su idioma original y la cultura tribal su cultura original. La yupiaq es una de las varias tribus árticas algunas veces denominadas esquimales. Kawagley fue director ejecutivo de varias asociaciones sin fines lucrativos dedicadas a las ciencias, la educación y la salud. Actualmente forma parte del Grupo de Trabajo sobre American Indian and Alaska Native Climate Change, de la Universidad Haskell.
Hace poco vi un programa de televisión titulado “Alaska es suya”. Mi primera reacción fue pensar que era una expresión motivada por intereses políticos y económicos. Sin embargo, mientras más pensaba en ello más molestaba mi visión del mundo. ¿Cómo puede alguien “poseer” Alaska? Según mis tradiciones ancestrales, ¡la tierra es dueña de mí! Así comenzaron mis reflexiones sobre la forma en que mi visión yupiaq del mundo difiere de la que tiene la sociedad dominante.
El frío define mi lugar. Mamterilleq (ahora conocido como Bethel, Alaska) me hizo lo que soy. El frío hizo mi idioma, mi visión del mundo, mi cultura y tecnología. Actualmente el frío disminuye a un ritmo muy rápido y, como consecuencia, cambia el paisaje. A su vez, el paisaje cambiante confunde el panorama mental de los yupiats, así como el de otros pueblos indígenas. Algunos de los creadores de sentido natural de la madre naturaleza están fuera de sincronización con la flora y la fauna.
Nosotros, los yupiats del río Kuskokwim, usábamos la foliación del árbol aliso para que nos anunciara cuando el eperlano vendría río arriba y nosotros podíamos entonces comenzar a lanzar las redes para atraparlo. Cuando las hojas del aliso brotan de sus cogollos el salmón rey está por llegar y así por el estilo otras cosas. Sin embargo, estos indicadores ya no son confiables cuando la primavera llega de dos a cuatro semanas más temprano de lo usual. Este es sólo un ejemplo de los cambios que tienen lugar en el delta del Yukin-Kuskokwin.
Paisaje e identidad
En épocas pasadas, el paisaje formaba nuestro panorama mental, lo que a su vez formaba nuestra identidad. Yo crecí como parte inseparable de la naturaleza. No era cuestión mía “poseer” la tierra, tampoco domesticar las plantas o los animales, que a menudo tienen más poder que yo como ser humano.
Sabemos que la madre naturaleza tiene una cultura y es una cultura autóctona.
Por esa razón, nosotros como pueblos autóctonos tenemos que emularla. Sabemos que el Ellam Yua, la persona o espíritu del universo, vive en ella. Por eso ella nos sirve de guía, maestra y mentora.
Nos es necesario permanecer mucho tiempo en la naturaleza para comunicarnos con la Gran Conciencia. Ello da equilibrio a la persona autóctona. Ella nos estimula para que seamos altruistas, mostremos el máximo respeto por todo lo que nos rodea, incluso la flora, la fauna y todos los elementos de la madre tierra – los vientos, los ríos, los lagos, las montañas, las nubes, las estrellas, la Vía Láctea, el sol, la luna y las corrientes del océano. La madre tierra me da todo lo que necesito saber para solucionar problemas. Sin embargo, los tiempos han cambiado y hacen más difícil vivir una vida en concierto con la madre tierra.

Los misioneros y el sistema de educación tuvieron la primera influencia. A finales de 1800 y principios de 1900 las iglesias cristianas, bajo contrato con el gobierno estadounidense, abrieron escuelas para el pueblo yupiat.
Se establecieron las escuelas de internado para la juventud nativa de Alaska. La educación suministrada fue organizada para asimilar la población nativa a la visión mundial de la tecnología, la mecánica y consumismo. La educación era opresiva y represiva del idioma y la cultura nativa. Para entonces Estados Unidos había logrado mucha experiencia para organizar y administrar las escuelas de internado para los indígenas norteamericanos. Los niños nativos eran separados de sus padres y de sus aldeas por largos períodos de tiempo. Regresaban a sus aldeas, pero ya no encajaban en su ambiente.
Sus necesidades y deseos eran contrarios a la vida de la aldea. La educación asimilada era tan eficaz que hacía que la mayoría de los jóvenes nativos reprimieran su condición de nativos.
Desde finales de la década de 1960 y hasta el presente, las poblaciones nativas han estado trabajando mucho para cambiar la educación, de manera que se acomode a sus idiomas, visiones del mundo, culturas y tecnologías. Es un proceso curativo lento para las aldeas. Nuestra misión en la educación es producir seres humanos que se encuentren bien en su lugar, en su medio ambiente, en su mundo. Esto se logra lentamente con los esfuerzos de las poblaciones nativas mismas, con el apoyo de otros del mismo parecer.
Fusión de la sabiduría tradicional y la tecnología
Los yupiats han actuado resueltamente en reorientar el sistema de educación de sus hijos y actualmente han demostrado igual resolución para enfrentar los efectos del cambio climático. Examinan la forma en que nuestros ancestros encararon el cambio climático en el pasado y aplican lo que aprenden al presente. Cuando tienen una idea de lo que puede hacerse, conciben un plan y piden asistencia técnica de ingenieros, hidrólogos, geógrafos y otros científicos cuyo conocimiento y habilidad les suministra el mejor asesoramiento.
Por ejemplo, los aldeanos de Newton, que han sufrido extensa erosión del suelo, han asumido una posición de liderazgo en los planes para trasladar su aldea. Esto significa procurar la financiación, buscar posibles lugares para la aldea y pedir a los ancianos y geólogos que provean una evaluación del acierto de sus decisiones. Este es un diseño y organización originados por la aldea para trasladar todo, las viviendas, el campo de aterrizaje, el pozo y otras instalaciones comunitarias.
Los yupiats también han tomado la iniciativa para limpiar las zonas de desove del salmón. Se reúnen periódicamente con expertos del estado en pesquería para dejarles saber sus preocupaciones y solucionar los problemas que requieren asistencia técnica.
La población nativa se da cuenta de que las formas tradicionales de saber y hacer pueden beneficiarse de la asistencia técnica suministrada por las diversas disciplinas científicas para fortalecer sus planes y labores. El trabajo que combina las dos formas de conocimiento es mucho más efectivo y, es de esperar, más conducente a lo apropiado. Es por medio de este tipo de colaboración que el choque histórico de visiones mundiales, que se refleja en la frase “Alaska es suya”, puede llegar a ser una fuerza para un nuevo entendimiento y para solucionar a muchos de los problemas que juntos enfrentamos.
Las opiniones expresadas en este artículo no necesariamente reflejan los puntos de vista o las políticas del gobierno estadounidense.