04 febrero 2009
Estadounidenses con raíces en otras culturas crecen en entorno multicultural

Washington — A veces siento como si tuviera doble personalidad. Aunque en el trabajo y en la universidad hablo inglés, en mi casa se habla el Twi, el idioma de la tribu Ashanti que habló desde que tenía 8 años.
Mis padres son de Ghana y siempre se aseguraron que yo supiera de dónde procedían y cuál era su cultura. Aunque me siento orgullosa de ser estadounidense con origen en Ghana, ese no siempre fue el caso. Como muchos estadounidenses con lazos en otras partes del mundo, estoy orgullosa de ser bilingüe y multicultural, pero en algún momento, me costó trabajo combinar mi cultura heredada con mi parte estadounidense.
Viví en Ghana cuatro años, con mis abuelos, que inmediatamente me expusieron a una cultura que antes sólo había visto a través del lente de mis padres. Me enseñaron ideales muy similares a las virtudes estadounidenses: trabajo arduo, honradez, el valor de la familia y orgullo de la cultura propia. Sin embargo cuando volví a la vida estadounidense a los 13 años, una etapa clave de la adolescencia y la identidad, me sentía sin rumbo.
Me fue difícil adaptarme a la vida estadounidense como adolescente. Mientras otros chicos iban a los centros comerciales y se obsesionaban con los grupos musicales, yo trataba de entender quién era yo. En ese período, yo ignoré mi cultura de Ghana y me involucré completamente en todo lo estadounidense, intentando borrar con dolor todos los años que pasé en Ghana. Me sentía aislada y tenía dificultad para encajar porque quería ser “normal” como todos los chicos de mi escuela. Como muchos otros estadounidenses con antecedentes en otras culturas fue un momento en que me sentí en el limbo entre la vida que llevaba en Estados Unidos y otra cultura que parecía tan distante.
CIELO DE AZAFRÁN

En el libro titulad Saffron Sky (Cielo de azafrán), la escritora estadounidense de origen iraní Gelareh Asayesh, narra los mismos desafíos: intentar encajar y encontrar un puente para transitar entre sus dos culturas. “Cuando vine aquí por primera vez fue extremadamente difícil”, cuenta Asayesh, “como si te extirparan una capa de piel para que crezca otra”.
Me reí con su descripción de la escuela secundaria, como una serie de mini golpes a su sistema y comprendí el anhelo que sentía por su vida en Irán, como yo lo siento por la vida en Ghana.
Gelareh Asayesh ilustra abiertamente sus dificultades y la aceptación final de su identidad. “Mi meta siempre había sido asimilar Estados Unidos a mi identidad iraní, más que asimilarme yo”, dice. “Sin embargo, el proceso era como alejarse de lo viejo, antes de darme cuenta de lo mucho que significaba para mí e intentar recuperarlo”.
Por medio de sus dificultades, me di cuenta de que tener dos culturas es un don y que no debe ser una carga. Solía disgustarme con la mención de mis raíces de Ghana o cuando mi madre quería hablar Twi en público; ahora hallo serenidad en el hecho de que tengo otro patrimonio con el cual identificarme.
Asayesh halló la estabilidad con viajes anuales a Irán, las llamadas constantes de la familia y la práctica de muchas costumbres de su tierra. Cree que “la meta es bailar una especie de danza que tenga a ambos lados en movimiento, vivos, involucrados en la identidad y en la vida de uno”.
Ahora mantengo ambas identidades vivas, disfruto de las tradiciones africanas, la ropa, las costumbres, los alimentos, la conversación, lectura y escritura del idioma, y estoy en contacto con mi familia en el extranjero. Ya no es una carga, porque ambas culturas están entrelazadas en mi vida diaria.
Me he dado cuenta de que ser estadounidense con raíces en Ghana me ayuda a sobresalir entre el resto de la gente, como otros estadounidenses que tienen raíces en otras culturas, y Asayesh comparte la misma sensación: “El mundo necesita gente que pueda vivir en una piel distinta a la suya propia”, dijo.
(Crystal Grace Ofori es estudiante de último curso en el Colegio Universitario de Mount Saint Mary, en Maryland. Sus áreas de concentración son comunicaciones y francés. Realiza una pasantía estudiantil en la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado).