16 septiembre 2008

Este artículo pertenece al periódico electrónico de agosto de 2008 “Libertad de Credo - Minorías Religiosas en Estados Unidos”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha.
Por John V. Hanford III
La libertad de religión es un derecho inviolable reconocido en las convenciones internacionales, y Estados Unidos se esfuerza por proteger ese derecho en todo el mundo.
John Hanford es embajador itinerante del Departamento de Estado de Estados Unidos para asuntos relacionados con la Libertad de Religión Internacional.
La libertad de religión es un derecho fundamental consagrado en la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, profundamente arraigado en nuestra historia y carácter nacional. Conviene señalar, no obstante, que el interés de los Estados Unidos por la libertad de religión no acaba en nuestras fronteras. Conscientes de que a muchos ciudadanos del mundo entero les está vedado por sus respectivos gobiernos el derecho al ejercer el libre ejercicio de sus creencias, prácticas y cultos religiosos, Estados Unidos está comprometido a promover y proteger la libertad de religión en todo el mundo.
La libertad de religión es un derecho inviolable reconocido desde hace largo tiempo en convenciones y tratados internacionales, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Sobre la base de este consenso mundial, Estados Unidos se esfuerza por alentar a todos los gobiernos a cumplir estas obligaciones internacionales compartidas, sin abogar por ningún punto de vista estadounidense concreto al respecto.
En 1998, el Congreso de Estados Unidos aprobó por unanimidad la Ley de Libertad Religiosa Internacional. Esta ley vino a reforzar lo que históricamente ha sido una cuestión de máximo interés en la política exterior del país y aportó nuevos medios para la promoción y protección de la libertad religiosa. En consecuencia, Estados Unidos promueve la libertad de religión para todas las creencias al alentar el cumplimiento de las normas internacionales, censurar las violaciones de la libertad de religión y apoyar la libertad de religión como derecho fundamental de todas las personas.
En virtud de la ley se establecieron en el Departamento de Estado el cargo de embajador itinerante para asuntos de Libertad de Religión Internacional y la Oficina de Libertad de Religión Internacional. Juntos, seguimos de cerca los casos de persecución y discriminación por motivos religiosos y adoptamos políticas y programas para fomentar la libertad de religión. Llevamos a cabo nuestra labor en colaboración con embajadas estadounidenses, funcionarios extranjeros y agrupaciones religiosas y de derechos humanos, para hacer frente a medidas adoptadas por distintos gobiernos que impiden a sus ciudadanos el libre ejercicio de su fe.
Uno de los importantes medios con los que contamos es el Informe anual sobre la libertad de religión en el ámbito internacional, ordenado por el Congreso. En este documento, de más de 800 páginas, se presenta todos los años un resumen del estado de la libertad de religión en más de 195 países. El informe correspondiente a 2008 se publicará en septiembre. Ese informe y el del año anterior se pueden consultar en http://www.state.gov/g/drl/irf/, así como en el sitio de la web de numerosas embajadas de Estados Unidos, traducidos al idioma local.
La Oficina también sigue con mucha atención el trato otorgado a las minorías religiosas. Instamos a los países a poner fin a la discriminación de las comunidades religiosas y a permitir su inscripción y la práctica pública de su culto en países tales como Rusia, Turkmenistán, Egipto, Indonesia y Pakistán. En Iraq, la Oficina ha abogado en favor de una mayor inclusión de minorías religiosas en el proceso político e instado a gobiernos de Asia, Europa y otros lugares a respetar la libertad de religión de sus poblaciones musulmanas minoritarias.
La publicación en 2007 del Informe Anual sobre la Libertad de Religión Internacional coincidió oportunamente con la celebración simultánea en Estados Unidos de importantes festividades religiosas de dos comunidades de fe. La celebración del Ramadán, por los musulmanes, y de Rosh Hashanah, por los judíos, recordó a los estadounidenses nuestra venerada tradición de practicar la religión con libertad y respeto.
Como dijo entonces la secretaria de Estado Condoleezza Rice: “Con nuestras relaciones internacionales, nuestro trabajo en foros internacionales y nuestras múltiples conversaciones sobre este tema con gentes de todas partes del mundo, Estados Unidos continuará esforzándose por promover la libertad de religión, fomentar la tolerancia y establecer un mundo más pacífico para gentes de todas creencias”.