15 enero 2009
Su discurso “Tengo un sueño” conmovió a la multitud en 1963 en Washington
Washington – El mundo no puede olvidar aquella marcha ni aquel discurso. El 28 de agosto de 1963 se calcula que una multitud de 250.000 personas marcharon al monumento conmemorativo a Lincoln en Washington donde escucharon a Martin Luther King Jr. pronunciar un discurso con incomparable elocuencia. Desde entonces el discurso se conoce por sus pasajes en los que la frase "Tengo un sueño” ofrecía una voz apasionada al discurso para exigir el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos: igualdad de derechos para todos los ciudadanos, incluyendo aquellos nacidos con otro color de piel.
En particular el discurso que prácticamente cerraba la manifestación más grande que entonces hubiera existido en la historia de Estados Unidos, creó un nuevo espíritu de esperanza en todo el país. Fue uno de esos extraños momentos en la historia que cambian un país, y allanó el camino para la transformación de la vida y el derecho estadounidenses.
“Era un día apacible. Un mar de personas blancas y negras envolvía la explanada nacional”, recuerda Dorothy Height, presidenta emérita del Consejo Nacional de Mujeres Negras (NCNW). Fue una de las organizadoras de la marcha y se sentó tras King en el estrado. “Pienso que fue un momento decisivo no sólo en la historia de los derechos civiles, sino en la historia de Estados Unidos. Resultó en una nueva determinación para moverse hacia la igualdad, la libertad y más empleos para las personas de color”, añadió.
Height – todavía activista y autora de la obra Open Wide the Freedom Gates (Abran del todo las puertas de la libertad), dijo: “El verdadero significado de la marcha fue que cambió actitudes. La indignación justificada contra la discriminación racial se hizo general tras la marcha. Llevó a una etapa llena de promesas y logros, se podía sentir”. El representante John Lewis (demócrata de Georgia), el más joven de los oradores que con 23 años habló en la marcha de 1963 concuerda: “Debido a la marcha, debido a la participación de cientos de miles de ciudadanos de comunes, experimentamos lo que me gustaría denominar la revolución no violenta en el estado de derecho, una revolución de valores, una revolución de ideas”.
La manifestación tangible del cambio que Height y Lewis describen fue rápida. En menos de un año tras la marcha, el presidente Lyndon Johnson firmó para que entrase en vigor la Ley de Derechos Civiles de 1964 que prohibía la discriminación en lugares públicos tales como hoteles y restaurantes, así como la discriminación en el empleo. Al año siguiente, entró en vigor la Ley de Derecho al Voto para asegurar que los afroestadounidenses tenían derecho a votar en realidad y no sólo en la letra de la ley. En 1968, el Congreso aprobó la Ley de Vivienda Justa para eliminar la discriminación al comprar y alquilar casas. Esta legislación de marcada importancia se complementó con nuevas políticas como la acción afirmativa, diseñada para contrarrestar la herencia de discriminación y promover el avance de los afroestadounidenses.
La legislación desarrollada en la década de 1960 se considera el corolario de los logros del movimiento de los derechos civiles. La Ley de Derechos Civiles eliminó las formas más descaradas de segregación y discriminación, prohibiendo indignaciones que tenían siglos de antigüedad. La Ley de Derecho al Voto habilitó políticamente a millones de afroestadounidenses, lo que llevó a un aumento de funcionarios de raza negra.
Las nuevas leyes entraron en vigor con efecto inmediato. El cambio de comportamiento tuvo un curso mas evolucionista. En 1963 una encuesta de Newsweek indicaba que el 74 por ciento de los blancos opinaban que la integración racial estaba "avanzando demasiado deprisa", un punto de vista que hoy día parecería chocante ya que las actitudes son muy distintas. En una encuesta del New York Times en el año 2000 por ejemplo, el 93 por ciento de los blancos dijo que votaría para la presidencia por un candidato cualificado que fuera negro. Más del 60 por ciento aprueba los matrimonios interraciales y un 80 por ciento dijo que no le importaba si sus vecinos eran blancos o negros.
Si King estuviera vivo hoy día probablemente aplaudiría los logros que surgieron de la marcha de 1963, al tiempo que destacaría que su sueño todavía no está completamente realizado, particularmente en lo que se refiere a la igualdad de oportunidades económicas. Este punto de vista también lo destacan otros líderes de los derechos civiles como Height y Lewis. “Hemos hecho realidad gran parte del sueño del Dr. King”, dijo Lewis, pero "todavía tenemos una distancia que recorrer”, agregó. Acabar con las disparidades económicas y educativas entre las razas, sin embargo, es una tarea mucho más compleja que crear leyes contra la segregación y que ordenen el derecho al voto.
En cuanto a King, su sueño en la marcha de Washington es ahora parte de la corriente política principal, su cumpleaños es una fiesta nacional en la que los estadounidenses rinden homenaje a sus ideas y le conmemoran. Los líderes políticos de los dos partidos principales apoyan la construcción de un monumento conmemorativo que se construya en la capital del país junto a otros tres gigantes de la historia de Estados Unidos: los presidentes Abraham Lincoln, Thomas Jefferson y Franklin Delano Roosevelt. Es quizá una medida de lo que un país puede crecer y cambiar que el sueño de King se acepte ahora como una verdad irrefutable por parte de una mayoría aplastante de estadounidenses.
Y no sólo por los estadounidenses. Durante su corta vida de 39 años, King luchó por la justicia racial en todas partes, no solamente en Estados Unidos. Con ese fin, viajó por el mundo proclamando su visión de una “comunidad de amor”, y definiendo el racismo como un mal mundial. “Entre los imperativos morales de nuestro tiempo encontramos el desafío de trabajar en todo el mundo con determinación incansable para eliminar los últimos vestigios del racismo”, dijo. “No es meramente un fenómeno estadounidense. Su viciosa raigambre no conoce fronteras nacionales”.
Incluso el día de su discurso “Tengo un sueño”, cuando hablaba a los estadounidenses en particular, King tenía conciencia del impacto mundial que la marcha y su mensaje tenían. "Mientras la televisión transportaba la imagen de esta extraordinaria manifestación a través de fronteras y océanos”, dijo, “todos aquellos que creen en la capacidad del hombre para mejorar sintieron un momento de inspiración y confianza en el futuro de la raza humana”.
Height destacó el significado universal de los actos del 28 de agosto de 1963: “En cualquier lugar al que haya ido en los últimos 40 años me parece increíble ver lo mucho que la gente sabe del movimiento de derechos civiles y del Dr. King – con frecuencia en detalles muy específicos. El mundo nos estaba observando aquel día”, expresó. “La marcha conmovió al mundo además de a Estados Unidos”.