14 abril 2008
Americanas nativas ayudaron a construir la nueva nación

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La supervivencia de las colonias americanas y más tarde del recién nacido Estados Unidos nunca podía garantizarse, al contrario, los colonizadores de principios del siglo XVII — aun en los asentamientos más prósperos — no podían eludir las duras condiciones de vida, la escasez de alimentos, las enfermedades y el trabajo arduo. La "colonia perdida" de Roanoke, Virginia, es prueba fehaciente de las dificultades que afrontaban. Dos siglos más tarde, los estadounidenses emprenderían el camino hacia el oeste y cruzarían el río Mississippi, dejando atrás la relativa comodidad de las ciudades ya establecidas en búsqueda de nuevos territorios y de acceso a la costa del Pacífico. La supervivencia de las colonias y su disposición para explorar los territorios del oeste de la nación fueron decisivas en la creación y extensión de Estados Unidos. En ese sentido, dos jóvenes indígenas americanas —Pocahontas y Sacagawea— desempeñaron una función decisiva en esta gesta.
En estas dos mujeres, los colonos encontraron su faro y guía, en sentido literal y figurado. Siendo todavía niña, Pocahontas sirvió como puente entre los europeos que acababan de llegar y las tribus locales de indígenas: en una ocasión le salvó la vida a un explorador y actuó de intermediaria en los tensos momentos que se vivieron en las relaciones entre los dos grupos. Sacagawea formó parte de la primera expedición que produjo mapas de los territorios al oeste del río Mississippi. Aportó su habilidad lingüística para comunicarse con las diferentes tribus indígenas y sus conocimientos sobre el territorio para devolver sanos y salvos a los primeros exploradores de la costa del Pacífico.