09 marzo 2009

Este artículo pertenece al periódico electrónico de marzo de 2009 “Caminos no violentos para el cambio social”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha.
Hay dos preguntas que se le siguen haciendo a Jody Williams, Premio Nóbel de la Paz en 1997 junto con su organización, la Campaña Internacional para Prohibir las Minas Terrestres (CIPMT): su logro más perdurable ¿es el cumplimiento del tratado internacional que prohíbe las minas terrestres antipersonales? ¿O bien es el modelo de una red mundial de ciudadanos dedicados a un propósito, que ella ayudó a fundar y promover – y que ha facultado a una nueva generación de organizaciones comprometidas con el cambio social no violento?
Tal vez no haya una respuesta definida, debido a que estos logros están tan completamente interconectados. Sin embargo, lo que es evidente es que Williams y la CIPMT llevan hoy a cabo una de las más exitosas iniciativas de paz internacionales, y lo han hecho en un periodo increíblemente breve.
El poder de las redes organizativas rápidas y flexibles es hoy una verdad de Perogrullo en la era actual de la Internet de banda ancha. Williams y la CIPMT estuvieron entre las primeras en demostrar cuán efectivas podrían ser estas redes dispersas por todo el mundo..
En el decenio de los 80, los grupos que se ocupaban del socorro humanitario, el desarrollo y el cuidado medico comenzaron a notar que vastas extensiones de territorio – desde los Balcanes y el Medio Oriente hasta África y el Asia Sudoriental – estaban contaminadas y se habían vuelto inservibles debido a los millones de minas terrestres y municiones explosivas que seguían aniquilando vidas mucho después de terminados los conflictos que habían causado su despliegue.
“La mina terrestre está eternamente preparada para cobrar víctimas”, dijo Williams en su discurso de aceptación del Premio Nóbel. “Es el soldado perfecto, el centinela eterno. La guerra termina, la mina terrestre sigue matando”.
En 1992 seis organizaciones no gubernamentales crearon la Campaña Internacional para Prohibir las Minas Terrestres (CIPMT). Actuaron con astucia, persistencia… y suerte.
El primer lugar, mantuvieron a la CIPMT como una coalición de grupos independientes, sin mayor cohesión, sin una oficina central o jerarquía. En lugar de ello, crearon una poderosa red de comunicaciones basada en tecnología de comunicaciones que estaba a la vanguardia en esa época: teléfono, telefax, y – pero sólo en el último año de la campaña --, correo electrónico. Luego, la coalición de la CIPMT insistió en llevar a cabo una investigación exhaustiva sobre el terreno, para que los hechos y las cifras que se citaran tuvieran tanta autoridad como fuera posible. La propia Williams es coautora de un estudio detallado de las consecuencias económicas y sociales de grandes cantidades de minas terrestres en cuatro países.
La CIPMT fue también afortunada en cuanto al momento de su actuación. El fin de la Guerra Fría les permitió a las naciones ocuparse de las cuestiones de la paz y la seguridad desde nuevas perspectivas y posibilitó que los grupos ciudadanos exigieran acción internacional, en concierto con el gobierno, y no como antagonistas o subordinados.
La CIPMT, escribiría luego Williams, “galvanizó la opinión mundial contra las minas terrestres antipersonales a tal grado que en el término de cinco años se había negociado un tratado de prohibición claro y simple. Firmado por 122 naciones en diciembre de 1997, el tratado pasó ser una ley internacional con más rapidez que cualquier otro acuerdo de ese tipo en la historia. Por primera vez, el tratado ha prohibido de un modo general un arma no nuclear ampliamente utilizada”.
Aunque no es parte del tratado, Estados Unidos sigue siendo el principal donante mundial al desminado humanitario, y ha prohibido todas las minas antipersonales “persistentes”. Estados Unidos conserva solamente artefactos que se vuelven inertes luego de un periodo que se mide en horas o días, no en años.
La CIPMT no se ha quedado dormida sobre su notable logro. Bajo la mirada vigilante del Informe sobre Minas Terrestres, que mide el cumplimiento del Tratado de Prohibición de Minas, las naciones han destruido más de 42 millones de minas que tenían almacenadas, 500.000 sólo en el 2007. Los programas de desminado despejaron trabajosamente 122 kilómetros cuadrados en el 2007, según el informe, y la cantidad de muertes debidas a las minas sigue bajando año a año.
En un ensayo sobre el efecto del Premio Nóbel, Williams, ahora profesora de la Escuela Graduada de Trabajo Social de la Universidad de Houston, escribió: “Nuestro modelo para el cambio, aunque en ocasiones se lo ataque, sigue siendo una inspiración para la gente de todo el mundo que cree que, si trabajamos unidos – la sociedad civil y el gobierno – podemos crear un mundo en el que la seguridad humana sea la base de la seguridad mundial que, a su vez, nos dará la paz, la justicia y la igualdad que merecen todos y cada uno de los seres humanos”.