09 marzo 2009

Shirin Ebadi: fe en la libertad

 
Shirin Ebadi, ganadora el premio Nobel de la paz en 2003, por su defensa de los derechos humanos y las libertades políticas.

Este artículo pertenece al periódico electrónico de marzo de 2009 “Caminos no violentos para el cambio social”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha.

Ya se esté de acuerdo, o no, con ella, cualquiera que haya escuchado hablar a Shirin Ebadi, ganadora del Premio Nóbel de la  Paz 2003, no puede tener duda alguna de su dedicación completa a la causa de los derechos humanos y la libertad política.

“Su despliegue de energía y emoción transforman cada palabra que atraviesa el salón en el batir de un tambor que resuena mucho después de que quien lo toca ha dejado de hacerlo”, comentó en Iranica.com un abogado iraní-canadiense luego de escuchar un discurso de Ebadi en Toronto.

En su anuncio, la Comisión del Premio Nóbel dijo de Ebadi: “Como abogada, jueza, conferencista, escritora y activista, ha hablado clara y vigorosamente en su país, Irán, y mucho más allá de sus fronteras. Se ha erguido como una profesional íntegra, una persona valiente, y nunca ha prestado atención a las  amenazas a su propia seguridad”.

Nacida en 1947, Ebadi se graduó en la Universidad de Teherán, donde luego obtuvo un doctorado en derecho mientras se abría paso con su trabajo en el Departamento de Justicia. Llegó a ser la primera jueza iraní, al encabezar el tribunal de la ciudad de Teherán. Se la obligó a renunciar luego de la revolución islámica de 1979, que consideraba a las mujeres inadecuadas para ocupar tales puestos. Las autoridades la convirtieron en escribiente del mismo tribunal que había presidido.

Renunció para establecer un bufete privado y escribir extensamente sobre una amplia gama de cuestiones legales, de modo notable las que corresponden al derecho de las mujeres,  los niños y la familia. Comenzó también a ocuparse de casos difíciles, potencialmente peligrosos, que involucraban la supresión de la libertad de expresión, al igual que el hostigamiento e incluso el asesinato de figuras reformistas por parte de elementos vinculados con los servicios de seguridad del gobierno.

“Su negativa a quedarse callada y su deseo de abordar casos políticamente delicados le han ganado la admiración de los grupos de derechos humanos de todo el mundo”, comentó un analista del Servicio Británico de Radiodifusión para el Medio Oriente.

A pesar de las amenazas y el hostigamiento gubernamentales, la polifacética campaña  de Ebadi a favor de los derechos humanos, en especial los de las mujeres y los niños, continúa reverberando a través de Irán y el mundo. En su país, ayudó a fundar en 1995 la Asociación de Apoyo a los Derechos del Niño, y en el 2001 el Centro de Defensa de los Derechos Humanos. Sigue escribiendo y viajando, dando conferencias en Europa, Estados Unidos y muchos otros países, sobre justicia social y la función de la mujer dentro del Islam.

Ebadi ha denunciado la intervención extranjera en los asuntos de Irán y de otras naciones – “sostengo de la violencia no puede surgir nada útil y duradero” – en tanto que insiste también en el carácter universal de los ideales de libertad y democracia, especialmente en relación con la mujer. En sus memorias (“Despertar iraní”) observa cómo el viejo régimen ordenó quitarles el velo por la fuerza a las mujeres, y el nuevo gobierno revolucionario exigió que lo usaran otra vez. “Reza Sha  fue el primero, pero no el último de los gobernantes iraníes en llevar a cabo una agenda política en la frontera donde comienza el cuerpo femenino”.

En el 2006, Ebadi se unió a otros ganadores del Premio Nóbel para establecer la iniciativa del Nóbel de la Mujer “para aunar nuestras experiencias extraordinarias en un frente unido por la paz con justicia e igualdad”. Dos años después la organización denunció la renovada campaña de hostigamiento e intimidación de parte del gobierno iraní contra Ebadi y su organización de derechos humanos.

En enero del 2009, le dijo a la Campaña Internacional por los Derechos Humanos en Irán que  “A pesar de todas las presiones, no voy a salir de Irán y no voy a cesar en mis actividades de derechos humanos. Seguiré por el mismo camino”.

En “Despertar iraní”, escribió: “En los últimos 23 años, desde el día en que fui  despojada de mi cargo de juez… he repetido una frase: una interpretación del Islam que esté en armonía con la igualdad y la democracia es una auténtica expresión de fe. No es la religión la que le pone cadenas a la mujer, sino los dictados seleccionados de aquellos que desean mantenerlas enclaustradas. Esa creencia, junto con la convicción de que en Irán el cambio debe sobrevenir pacíficamente y desde adentro, es lo que ha sustentado mi trabajo”.

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