16 septiembre 2008

Este artículo pertenece a la publicación “La democracia en síntesis”. Para consultar los demás artículos, haga clic a la derecha.
A medida que las sociedades modernas crecen en tamaño y complejidad, la palestra de la comunicación y el debate público llega a estar dominada por los medios: radio y televisión, periódicos, revistas, libros y, cada día más, por nuevos medios como la Internet y la televisión vía satélite.
Ya sea en bitácoras (conocidas como blogs) en la Web o en libros impresos, los medios desempeñan en las democracias muchas funciones que en esencia permanecen sin cambios y que se superponen, pero son distintivas. Una de ellas es informar y educar. Para tomar decisiones inteligentes sobre la política pública, la gente necesita información precisa, oportuna y no tendenciosa. Sin embargo, otra función de los medios puede consistir en recomendar, aunque no sea con pretensiones de objetividad. El público de los medios se puede beneficiar con la presencia de opiniones diversas y antagónicas, pues así conoce una amplia gama de puntos de vista. Esta función cobra especial importancia en las campañas de elecciones, cuando pocos votantes tienen oportunidad de ver a los candidatos en persona, y menos aún de hablar con ellos.
Una segunda función de los medios es la de censor del gobierno y de otras instituciones poderosas de la sociedad. Al mantener un alto nivel de independencia y objetividad, los medios de noticias, por muy imperfectos que sean, pueden exponer la verdad detrás de las declaraciones de los gobiernos y exigir que los funcionarios públicos rindan cuentas de sus acciones.
Los medios pueden tener también un papel más activo en el debate público, con sus editoriales o sus reportajes de investigación, y sirven como un foro para que todos los grupos e individuos expresen sus opiniones por medio de cartas y artículos, además de inserciones en la Web, con puntos de vista divergentes.
Los comentaristas señalan otro papel de los medios informativos que cada día es más importante: “establecer la agenda”. Ya que no pueden publicarlo todo, los medios de noticias deben elegir los temas que van a destacar y los que pasarán por alto. En suma, ellos tienden a decidir qué es noticia y qué no lo es. Esas decisiones, a su vez, influyen en la percepción del público sobre cuáles son los asuntos más importantes. No obstante, a diferencia de los países donde las noticias están bajo el control del gobierno, los medios informativos de las democracias no pueden manipular o desatender los asuntos a su capricho. Después de todo, sus competidores también son libres para llamar la atención del público hacia sus propias listas de asuntos importantes.
Los ciudadanos de una democracia viven con la convicción de que, por medio del libre intercambio de ideas y opiniones, la verdad acabará por imponerse sobre la falsedad, los valores de los demás serán mejor comprendidos, los ámbitos de compromiso se definirán con más claridad y se abrirá la senda del progreso. Cuanto mayor sea el volumen de esos intercambios, tanto mejor. El escritor E. B. White lo expresó así: “Como nuestro país es libre, la prensa en él es digna de confianza y útil, no sólo por su buena reputación, sino también por su gran diversidad. Mientras haya muchos propietarios, cada uno defendiendo su propia versión de la verdad, nosotros, el pueblo, tendremos oportunidad de deducir cuál es la verdad y vivir en la luz. ... Su gran número nos brinda seguridad”.