15 septiembre 2008

Elecciones democráticas

 
La elecciones democráticas exigen libertad de elección. Electores congoleses delante de carteles electorales, en una campaña de 2006.
La elecciones democráticas exigen libertad de elección. Electores congoleses delante de carteles electorales, en una campaña de 2006.

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Las elecciones libres y equitativas son esenciales para garantizar el consentimiento de los gobernados, el cual es el fundamento de la política democrática. Las elecciones son el mecanismo principal para que ese consentimiento se traduzca en autoridad gubernamental.

Elementos de las elecciones democráticas

La finada Jeane Kirkpatrick, académica y ex representante de Estados Unidos en las Naciones Unidas, propuso esta definición: “las elecciones democráticas no son tan sólo simbólicas. ... Son elecciones competitivas, periódicas, incluyentes y definitivas en las que los principales funcionarios que estarán a cargo de tomar las decisiones en el gobierno son elegidos por ciudadanos que gozan de amplias libertades para criticar a sus gobernantes, publicar sus críticas y presentar alternativas”.

Las elecciones democráticas son competitivas. Los partidos y los candidatos de oposición deben tener la suficiente libertad de expresión, reunión y movimiento para exponer abiertamente sus críticas al gobierno, y para proponer a los votantes políticas y candidatos alternativos. El simple hecho de permitir que la oposición tenga acceso a las papeletas de voto no es suficiente. El partido en el poder puede disfrutar de las ventajas de estar al mando, pero las reglas y la conducción de la contienda electoral deben ser justas. Por otra parte, la libertad de reunión de los partidos de oposición no implica que impere la ley de la calle o la violencia: significa que habrá un debate.

Las elecciones democráticas son periódicas. Las democracias no eligen a dictadores ni a presidentes vitalicios. Los funcionarios elegidos deben rendir cuentas al pueblo y someterse al juicio de los votantes para solicitar que los conserven un periodo más en el cargo y arriesgarse a perder éste si la votación les es adversa.

Las elecciones democráticas son incluyentes. Las definiciones de ciudadano y de votante debe ser lo bastante amplias para incluir a toda la población adulta. Un gobierno elegido por un grupo pequeño y excluyente no es una democracia, por más democráticos que puedan parecer sus mecanismos internos. Uno de los grandes dramas de la democracia a lo largo de la historia ha sido la lucha de grupos excluidos (ya sea minorías raciales, étnicas o religiosas, o las mujeres) para conquistar la plena ciudadanía y con ella el derecho al voto, a ocupar cargos públicos y a participar íntegramente en la sociedad.

Estos trabajadores electorales hacen un recuento de votos a la luz de las velas, en Dakar (Senegal).
Estos trabajadores electorales hacen un recuento de votos a la luz de las velas, en Dakar (Senegal).

Las elecciones democráticas son definitivas. En ella se determina quién tendrá el liderazgo del gobierno por un período determinado. Los representantes elegidos por el pueblo llevan las riendas del poder, no son figuras decorativas ni líderes simbólicos.

Las democracias prosperan en un clima de apertura y rendición de cuentas, salvo en un aspecto muy importante: el acto mismo de votar. Para reducir al mínimo el riesgo de que los votantes sean intimidados, en las democracias se les debe permitir que emitan sus sufragios en secreto. Al mismo tiempo, la protección de los centros de votación y de la cuenta total de votos deben realizarse en la forma más abierta posible, para que los ciudadanos puedan confiar en que los resultados serán precisos y que el gobierno, en efecto, contará con su “consentimiento”.

La oposición leal

Uno de los conceptos que a algunos les cuesta más aceptar, sobre todo en las naciones donde la transición del poder se ha realizado tradicionalmente en medio de la violencia, es el de la “oposición leal”. Sin embargo, es una idea vital. En esencia, significa que en una democracia todas las partes comparten el mismo compromiso con sus valores básicos. Los antagonistas políticos no necesariamente tienen que agradarse entre sí, pero deben tolerarse y reconocer que cada uno tiene un papel legítimo e importante que desempeñar. Más aún, las reglas fundamentales de la sociedad deben fomentar la tolerancia y la civilidad en el debate público.

Al final de la elección, los perdedores aceptan el veredicto de los votantes. Si el partido en el poder pierde, entrega éste pacíficamente. No importa quién gane, ambas partes acceden a colaborar en la resolución de los problemas comunes de la sociedad. La oposición sigue participando en la vida pública, sabiendo que su papel es esencial para cualquier democracia. Su lealtad no se dirige a las estrategias específicas del gobierno, sino a la legitimidad fundamental del Estado y del proceso democrático mismo.

Después de todo, las elecciones democráticas no son una lucha por la supervivencia, sino una competencia para servir a la nación.

Administración de las elecciones

El método por el cual los funcionarios son elegidos en una democracia puede variar enormemente. Por ejemplo, en el nivel nacional, los legisladores pueden ser elegidos por distritos, cada uno de los cuales elige a un solo representante, según lo que se conoce como el sistema de “todo para el vencedor”. También existe el sistema de representación proporcional en el que cada partido político está representado en la legislatura según el porcentaje del voto nacional que le haya correspondido. Las elecciones provinciales y locales pueden reflejar esos modelos nacionales.

Cualquiera que sea el sistema, los procesos electorales deben ser juzgados como procedimientos justos y abiertos, para que la legitimidad de los resultados de las elecciones sea reconocida. Los funcionarios públicos deben garantizar a los ciudadanos la máxima libertad para registrarse como votantes o contender por un cargo público; administrar un sistema imparcial que garantice el sufragio secreto y la cuenta abierta y pública de los votos; prevenir los fraudes contra los votantes y, si es necesario, instituir procedimientos para el recuento de votos y para la resolución de las disputas electorales.

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