08 julio 2008

Por Bruce Scott
(Este artículo pertenece al periódico electrónico de junio de 2008 “Los mercados y la democracia”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha).
Según Bruce Scott, el capitalismo y la democracia no surgieron al mismo tiempo en la historia. El que puedan o no seguir dominando los sistemas mundiales de comercio y gobierno plantea una nueva interrogante, dice. Scott ocupa la cátedra Paul Whiton Cherington de administración de empresas en la Escuela de Negocios de Harvard y es autor de la obra Capitalism, Democracy and Development que la editorial Springer Verlag publicará más tarde este año.
Por lo menos desde que fuera publicada en 1835 la notable obra de Alexis de Tocqueville titulada La democracia en América, se reconoce que Estados Unidos se ha caracterizado por su singular unión de capitalismo y democracia: la toma de decisiones descentralizada, tanto en la esfera económica como política.
Si bien no existe un consenso en cuanto a la definición de capitalismo, a partir de 1990 éste se ha convertido en el sistema económico casi universal, abarcando China e India, aunque no Cuba o Corea del Norte.
La democracia es aún más difícil de definir, y el número de democracias varía dependiendo de la definición que se utilice. Robert Dahl, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Yale, calcula que más de la mitad de los doscientos países miembros de las Naciones Unidas, representando tal vez dos tercios de la población mundial, podrían caracterizarse como democracias.
Por lo tanto, el capitalismo, aunque definido con imprecisión, ha llegado a dominar casi la totalidad de la economía mundial y la democracia se ha convertido en el modelo normativo, aunque menos dominante: China ha creado un sistema capitalista de enorme éxito, pero sigue teniendo un régimen autoritario.
Es necesario definir el capitalismo y la democracia con más precisión antes de poder predecir si continuarán dominando como sistemas de comercio y de gobierno. Primero, hay variedades de capitalismo. Por ejemplo, la variedad estadounidense difiere de la europea en que Europa tiene regulaciones de mercado más estrictas y los ingresos son más igualitarios.
Segundo, los debates sobre la democracia tienden a enfocarse en el proceso de participación ciudadana, mientras que desatienden considerar si esa participación asegura realmente resultados democráticos. En su discurso de Gettysburg, en 1863, el presidente Abraham Lincoln se refirió a la Guerra Civil como una prueba de si el “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, perduraría. Lincoln insinuó que el gobierno por el pueblo no asegura un gobierno para el pueblo. En la época en que Lincoln pronunció su discurso, Estados Unidos ya había disfrutado casi un siglo de gobierno por el pueblo, sin embargo habían hecho la vista gorda a la esclavitud, como si los negros no formaran parte del pueblo. Había hecho caso omiso también a los derechos políticos de la mujer.
Además, el modelo constitucional de Estados Unidos divide la soberanía entre tres ramas del gobierno: el poder legislativo, el poder ejecutivo y el poder judicial, mientras que la mayoría de los demás regímenes democráticos siguen el precedente británico, que concentra la soberanía en la cámara baja de la legislatura elegida por el pueblo.
Definición del capitalismo
Lo que sigue intenta ofrecer una definición operativa del capitalismo con el fin de mostrar cómo surgió en la historia y para proponer algunas condiciones favorables –y quizás esenciales– para la democracia.
Muchos economistas definen el capitalismo más o menos como un sistema de derechos sobre la propiedad que coexiste con los mercados de producción y consumo de bienes y servicios, gobernado por la “mano invisible”—para usar la famosa metáfora de Adam Smith—que fija los precios conforme a la demanda y la oferta.
Yo prefiero la definición que proponen algunos expertos en ciencias políticas de que el capitalismo es un sistema de gobierno que se origina con el permiso que el estado otorga a actores no estatales para ejercer un poder económico, sujeto a una serie de normas y reglamentos. Conforme a esta definición, el capitalismo depende de la delegación del poder estatal a actores económicos y del poder coactivo del estado de concebir, vigilar y, en última instancia, hacer cumplir la regulación del mercado. El mecanismo de determinación de los precios coordina la oferta y la demanda dentro del marco de un mercado dado, mientras que la mano visible del gobierno hace cumplir ese marco y lo mantiene al día.

Si bien el Estado necesita rendir cuentas para demostrar su legitimidad, para que el capitalismo florezca esa rendición de cuentas no necesita ser hacia un gobierno democráticamente elegido. Venecia, quizás el ejemplo más antiguo de capitalismo sostenido (anterior al 1200), no fue una democracia; fue esencialmente una monarquía constitucional, habiendo formado sus siete islas una unión voluntaria gobernada por un duque elegido.
El capitalismo surgió mucho antes que los estados democráticos de gran escala, y los expertos en ciencias políticas consideran la existencia de decisiones económicas descentralizadas basadas en el mercado como requisito anterior al poder político descentralizado a través de la democracia.
Si bien la democracia al nivel de las ciudades parece datar de los tiempos de la Grecia y Roma antiguas, no había estados democráticos claramente percibidos con anterioridad a las observaciones que De Tocqueville hiciera sobre Estados Unidos, y su ejemplo estadounidense es el único caso en que podría sostenerse que los sistemas de gobierno democrático y capitalismo se desarrollaron a la misma vez a partir de aproximadamente 1630.
El historiador Fernand Braudel, que data los orígenes del capitalismo entre 1400 y 1800, admitió su incapacidad de definir el capitalismo, pero reconoció que se trataba de un sistema de relaciones económicas incompatible con el feudalismo, otro sistema de relaciones económicas. El intercambio de bienes y servicios existió en muchos contextos feudales, como el de los aztecas, los incas, el Japón de los shogun, la China imperial, India y los otomanos.
La cesión del poder
El capitalismo requiere la libertad de movimiento y el empleo de mano de obra, así como el derecho de comprar y vender tierras, todo lo cual no era compatible con el feudalismo. El capitalismo reconoce que el pago de interese es un rendimiento legítimo del capital, y ofrece a los actores no estatales el derecho de movilizar el capital a través de vehículos legales como las asociaciones, las sociedades por acciones y las empresas modernas. Todas estas libertades no solamente suponen el final del feudalismo, sino también la voluntad del Estado de ceder ese poder a actores no estatales.
Este concepto deja sentado que el capitalismo surgió en Europa mucho antes que en otras partes, con la excepción de Estados Unidos, donde los colonos europeos trajeron muchas ideas e instituciones.
¿Por qué surgió el capitalismo en Europa? No existe para ello una sola respuesta, pero un elemento importante y característico de la experiencia europea fueron las casi constantes guerras de los siglos XVI y XVII. Esta competencia político-militar impuso grandes tensiones sobre las unidades políticas de Europa que, según se calcula, llegaron a ser hasta 500 en 1500 y solamente unas cuarenta al final de las guerras napoleónicas de 1815, y veinticinco en 1940.
Al igual que con la competencia económica actual, las probabilidades de supervivencia de una entidad política en ese entonces eran mucho más altas cuando dicha entidad tenía un ejército eficaz, y el tamaño de las armas y de los ejércitos aumentó drásticamente con el paso de los siglos. Las entidades políticas que sobrevivían necesitaban dinero o por lo menos la capacidad de obtener préstamos. La descentralización del poder otorgado a futuros emprendedores y comerciantes fue una fuente potencial de ingresos para aquellos gobernantes que toleraban un poder descentralizado. Y para las monarquías constitucionales, que obtenían préstamos con el consentimiento de los parlamentos, los costos de los préstamos fueron mucho menores.
Las precondiciones históricas para el capitalismo parecen haber sido, por un lado, las amenazas competitivas a la soberanía y la autonomía, y por el otro los gobiernos responsables. Japón, China, India y el Imperio Otomano no tuvieron ninguna de éstas durante siglos.
Las precondiciones para la democracia parecen incluir el control de las fuerzas militares y la policía por funcionarios electos; un estado que tiene un monopolio del poder coactivo, incluyendo los poderes coactivos de los tribunales y el poder de proporcionar seguridad a personas y bienes; la existencia de mercados para la producción y el consumo; y la aceptación de los valores de la Ilustración, especialmente la idea de que la autoridad política final se confiere a instituciones humanas derivadas del razonamiento humano.
Diversas condiciones favorecen la continuidad de la democracia, entre ellas el aumento de los ingresos, la falta de desigualdades excesivas en la distribución de la riqueza y el poder, clases medias fuertes y movilizadas, y un código de ética aceptado que mantenga el equilibrio entre los intereses personales y las responsabilidades cívicas.
Otras condiciones pueden hacer peligrar la democracia. Entre estas se incluyen las fuentes importantes de ingresos no salariales, como las llamadas rentas mineras petroleras. Nigeria y Venezuela son ejemplos de éstas. Los ingresos no salariales se convierten en una enorme fuente de riqueza y patrocinio para los líderes del gobierno y son, por lo tanto, un trampolín hacia el poder irresponsable.
La creación de las condiciones subyacentes que sostienen la democracia tarda décadas, y su inicio prematuro puede no acelerar el proceso, como puede verse en Bosnia, Kosovo, Iraq, el Líbano y Cisjordania. Algunos países europeos, como Gran Bretaña y Holanda, tenían buenos gobiernos mucho antes de convertirse en democracias.
Las constituciones y las elecciones por sí solas no significan necesariamente democracia, como se evidencia actualmente en Nigeria, Venezuela y Zimbabwe. Las constituciones y las elecciones pueden ser manipuladas por los líderes elegidos, y enfocarse en estos aspectos de procedimiento gubernamental por el pueblo puede, de hecho, retrasar su creación, y más aún, la creación de un gobierno para el pueblo, lo cual es más difícil todavía.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de Estados Unidos.