08 julio 2008

Mercado libre y democracia. La experiencia cubana

 
Fidel Castro en 1959
En 1959 Fidel Castro instauró un régimen opresivo que ha tenido consecuencias catastróficas para Cuba.

Por Oscar Espinosa Chepe

(Este artículo pertenece al periódico electrónico de junio de 2008 “Los mercados y la democracia”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha).

El economista disidente cubano Oscar Espinosa Chepe opina que las décadas de opresión a manos de un gobierno centralizado han destrozado la economía cubana. Agrega que sin libertad, el pueblo cubano jamás podrá competir en la economía globalizada.

Si algo ha quedado evidenciado como resultado de casi 50 años de totalitarismo en Cuba son los efectos devastadores en todos los aspectos de la falta de libertad sobre la sociedad, en especial cuando se violenta el libre flujo del mercado. El proceso iniciado en 1959, que tantas ilusiones creó al principio, con el tiempo se convirtió en un sistema opresor, bloqueador del avance del país.

Con el pretexto de establecer un sistema de “desarrollo armónico y proporcional”, el mercado libre fue sustituido por un mecanismo de planificación centralizada copiado de la Unión Soviética, basado en un férreo voluntarismo, el cual generó múltiples distorsiones y un enorme despilfarro de recursos. Estado de cosas que pudo mantenerse hasta fines de los años 1980 gracias a las colosales subvenciones, que al finalizar hundieron a la sociedad cubana en la crisis más profunda de su historia, situación todavía sin superar.

El general Raúl Castro
El general Raúl Castro, que sucedió a su hermano, ha aludido a la posibilidad de cambios, al menos en la economía cubana.

Cabría preguntar. ¿Cuál fue la génesis para desplazar el mercado libre como herramienta esencial para la distribución de los recursos, sustituyéndolo por la planificación centralizada con su carga de burocratismo? ¿Por qué a pesar de los repetidos fracasos de la centralización se mantiene el sistema? Las respuestas tienen un trasfondo político basado en los intereses de un grupo de personas que sólo persigue el mantenimiento de un poder absoluto sobre la sociedad. Para esos totalitarios objetivos resulta evidente la rentabilidad política del sistema, sin importar los niveles de miseria, atraso y degradación producidos.

Lo explicado muestra los motivos de las masivas confiscaciones de bienes en Cuba, en grados muy superiores a las acaecidas en otros países que padecieron sistemas centralizados, así como los intentos de desterrar todo vestigio de libertad económica. Esta estrategia ha estado dirigida a ejercer un estricto control sobre la población mediante la conversión de los ciudadanos en entes sin derechos, totalmente dependientes del todopoderoso estado.

Las consecuencias económicas, sociales, políticas, demográficas y medioambientales han sido catastróficas para Cuba; sin soslayar los efectos perniciosos provocados en los valores espirituales de la población, erosionados seriamente por una crisis a la que no se le ve término, agregándose una enorme y peligros dependencia a Venezuela.

En el plano económico se ha producido un proceso de involución y descapitalización material y humana que ha afectado el conjunto de la sociedad. Cuba, en el pasado un país agrícola por excelencia, hoy según datos oficiales importa el 84% de sus requerimientos mínimos alimenticios, fundamentalmente de Estados Unidos; la otrora azucarera del mundo satisface sus necesidades del dulce producto mediante compras en el exterior. Un proceso que se produce mientras la tierra cultivable permanece abandonada y llena de malezas en más de un 50%. Paralelamente, debido a los bajos salarios, que como promedio mensual no sobrepasan un equivalente a 20 US dólares, la población es empujada al delito para poder sobrevivir. Como consecuencia, Cuba se ha convertido en una de las naciones con mayor población penal del mundo en relación con sus habitantes, de acuerdo a datos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

Cuba resulta un lamentable ejemplo de las consecuencias de la falta de libertad. Si en el pasado la imposibilidad de los seres humanos de decidir su destino fue un valladar para progresar, actualmente con la globalización y la internacionalización de los mercados, al mismo tiempo de crearse enormes posibilidades de desarrollo, también la competencia aumenta a niveles muy altos, lo cual hace que la eficiencia productiva, la productividad laboral y la creatividad adquieran papeles todavía más importantes para el desarrollo de los pueblos. Es imposible promover esos elementos en sociedades regidas por el miedo; donde está prohibida la libertad de asociación y de expresión, impidiéndose así el debate y el libre intercambio de ideas necesario para la identificación de las mejores opciones para el avance nacional.

La situación descrita es tan evidente que hasta en las propias filas gubernamentales cubanas, con vacilaciones e incoherencias, comienzan a escucharse voces a favor de introducir transformaciones estructurales y de conceptos en el sistema, en particular en la economía. Un ejemplo de ello han sido los pasados discursos del general Raúl Castro, ascendido a Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros el 24 de febrero.

Si los cambio prometidos, sin que se conozca en que consistirán, fueran el inicio de un proceso gradual hacia transformaciones que trajeran la ansiada libertad al pueblo cubano, ello pudiera significar una solución. Si, por el contrario, las esperanzas despertadas fueran nuevamente frustradas, la eventualidad del comienzo de una etapa de inestabilidad social sería altamente probable.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de Estados Unidos.

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