08 julio 2008

Democracia, libre empresa y confianza

 
Tanques rusos
A medida que se va erosionando la democracia en Rusia, en algunos sectores ocurre lo mismo con la competencia del libre mercado.

Por William A. Reinsch

(Este artículo pertenece al periódico electrónico de junio de 2008 “Los mercados y la democracia”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha).

Según William A. Reinsch, los mercados libres tienden a reforzar la democracia. A veces la democracia apuntala el libre mercado, a veces no, señala. Reinsch es presidente del Consejo Nacional de Comercio Exterior y miembro de la Comisión asesora de Examen Económico y de Seguridad EE.UU.–China.

Al examinar el mundo que nos rodea, vemos que muchos de los países más prósperos también tienen las democracias más dinámicas. Países como Chile, Irlanda y Estados Unidos son democracias vibrantes con mercados mayormente libres. Países como Birmania y Corea del Norte se caracterizan por tener dictaduras y economías rígidas y dirigidas.

Si bien hay excepciones a cualquier regla, las libertades económicas y políticas tienden a ir de la mano. En muchos casos, la participación de un país en el mundo es un indicio importante de sus libertades económicas y políticas.

En particular, la participación en la economía mundial es un cimiento importante de la democracia. El comercio y la competencia promueven el crecimiento, que acumula riqueza y crea una clase media más amplia. A su vez, esa clase media exige más de su gobierno, que ya no puede depender del apoyo de una pequeña camarilla de élites. Al mismo tiempo, el comercio saca a relucir ineficiencias en las infladas empresas estatales, limitando aún más la capacidad de los funcionarios del estado para distribuir empleos y favores.

En cambio, la desesperación económica fomenta las condiciones gracias a las cuales los demagogos pueden convertirse en dictadores, como lo destaca demasiado bien el periodo entre las dos guerras mundiales. El presidente Harry Truman y el secretario de Estado George Marshall comprendieron esto cuando, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, trazaron un plan para reconstruir Europa. “La reactivación de la economía”, dijo Marshall, “permitirá que se desarrollen las condiciones políticas y sociales en las que pueden existir las instituciones libres”.

Además de crear una economía próspera, la participación incrementada de las empresas mundiales puede también apoyar los ideales democráticos. Por ejemplo, a las compañías de alcance mundial se les prohíbe, en muchos casos, ofrecer sobornos o intervenir en prácticas corruptas.

Además, muchas compañías instituyen voluntariamente códigos de conducta internos o suscriben a convenciones de comportamiento empresarial, tales como los Principios Mundiales de Sullivan o el Pacto Mundial de las Naciones Unidas. Cuanto más se les permite a estas compañías participar a través del comercio y la competencia, menos pueden los burócratas o líderes partidistas sostenerse a sí mismos o alimentar una maquinaria gubernamental mediante prácticas discutibles o corruptas.

La responsabilidad social de las empresas

Hoy, la participación de las compañías mundiales en las economías locales rinde otro importante beneficio político. Muchas empresas han instituido programas de responsabilidad social que apoyan las comunidades en las que trabajan. En algunos casos estos esfuerzos no están directamente relacionados con el elemento central de una empresa, sino que más bien se centran en mejorar las instituciones locales.

Esto es particularmente cierto en África, donde las multinacionales han financiado programas de tratamiento del VIH/SIDA, han creado programas de reasentamiento después de conflictos y han establecido instituciones de microcrédito. Por ejemplo, General Electric ha colaborado con el economista del desarrollo Jeffrey Sachs para construir una serie de hospitales en diez países de África, empleando tecnologías y voluntarios de la GE para mejorar la distribución de la atención de la salud a nivel rural. Estos proyectos ayudan a fortalecer la sociedad civil y alientan, además, el establecimiento de instituciones libres.

En términos más generales, la competencia económica mundial fomenta mayor participación en el mundo, lo cual conduce inevitablemente al intercambio de información, ideas y valores democráticas. Los presidentes estadounidenses, desde Franklin Roosevelt hasta John F. Kennedy y Ronald Reagan, han reconocido los beneficios intangibles que los mercados abiertos y la participación brindan a la promoción de la democracia en el extranjero.

Ciudadanos daneses aguardan su turno para votar
Ciudadanos daneses aguardan su turno para votar. Dinamarca es un país que combina sólidos mercados libres y confianza social.

En fechas más recientes, los presidentes Bill Clinton y George W. Bush estuvieron de acuerdo en que incorporar a China a la Organización Mundial del Comercio favorecería la democracia. “Cuando las personas pueden no sólo soñar sino también hacer realidad sus sueños”, dijo Clinton, “exigirán que se les permita influir más”. Bush agregó que “la libertad económica crea hábitos de libertad” y, con respecto a China, “Nuestra principal exportación no son los alimentos ni las películas cinematográficas, ni siquiera los aviones. Nuestra principal exportación es la libertad”.

No hace mucho tiempo, Estados Unidos y Europa Occidental exportaban a la antigua Unión Soviética los ideales estadounidenses a través de la música de rock, los libros y la televisión. En 1987, Billy Joel actuó ante el público de Moscú y Leningrado para decirle al pueblo soviético “lo que está ocurriendo en este país es muy parecido a lo que ocurrió en mi país en la década de los sesenta”. Hoy, los mercados libres significan mayor acceso a Internet, teléfonos celulares y mensajes de texto, todo lo cual acelera la información, el intercambio de rumores y las noticias de maneras que hacen difícil, para cualquier gobierno, controlarlos por completo. Conectarse con la información y el sistema económico mundiales es bueno para la democracia.

Pero la democracia, ¿es buena para la libre empresa?

Esta es, quizás, una pregunta más complicada, aunque un hecho es evidente: los dictadores raramente adoptan los mercados libres. Birmania, Cuba, Libia, Corea del Norte y Zimbabwe son las economías menos libres del mundo, según el Índice de Libertad Económica 2008 de The Wall Street Journal y la Heritage Foundation. El tipo de autoridad concentrada que les permite sobrevivir a estos sistemas políticos estimula una economía centralizada y dirigida que premia a los leales al régimen y castiga a quienes no lo son.

Sin lugar a dudas, el gobierno democrático ha ayudado a apuntalar los mercados libres en Estados Unidos y en todo el mundo. Durante más de sesenta años, Estados Unidos ha ayudado a dar forma y ha apoyado un orden mundial liberal basado en el comercio libre y los mercados mundiales estables. Durante aproximadamente el mismo periodo, Europa ha reducido sus barreras económicas y ha mejorado las eficiencias de su mercado laboral, como consecuencia de la propagación de la democracia por todo el continente.

El libre mercado y la estabilidad

Pero las elecciones libres e imparciales, por sí solas, no promueven necesariamente el libre mercado. Un problema consiste en que un número cada vez mayor de regímenes autocráticos se disfrazan de democracias en las que un partido mantiene el control virtual del gobierno y la economía, y donde no existe una oposición robusta. La Rusia durante el gobierno de Vladimir Putin es un ejemplo notable de un país donde la democracia se ha erosionado. A medida que Putin ha acrecentado su control del país, Moscú ha asumido mayor control de la economía, ampliando su influencia en empresas estatales como Gazprom y usando su influencia económica para enviar mensajes políticos a sus vecinos y al mundo.

Otros gobiernos democráticos carecen de las instituciones y el apoyo con los que estimular los mercados libres. Los gobiernos incipientes de lugares como Iraq y Cisjordania y Gaza, donde la estabilidad y seguridad básicas son problemas persistentes, no tienen instaladas las estructuras de gobierno y seguridad con las que promover el libre mercado de manera significativa.

Incluso en democracias más establecidas, no son infrecuentes los contragolpes al mercado libre. En América Latina fueron elegidos, en años recientes, algunos políticos cuyas plataformas se basan en el populismo y, en ciertos casos, el socialismo. En Estados Unidos, las encuestas han mostrado un apoyo menguante al libre comercio, en tanto que la crisis hipotecaria ha llevado a poner en tela de juicio las consecuencias de los mercados libres carentes de suficientes supervisión y reglamentación.

La democracia parece ser más capaz de fortalecer el libre mercado cuando va acompañada de instituciones locales vigorosas y confianza social. Dinamarca tiene una de las economías más abiertas del mundo y es un modelo de democracia, pero se adhiere también a un acuerdo social único en su género, conocido como “flexiguridad”, sistema que ha necesitado más de un siglo para refinarse y que invierte considerables recursos en los programas sociales, formación y prestaciones.

El resultado de este acuerdo de concesiones mutuas, o compromiso, es que los daneses creen con firmeza en la libre empresa y el comercio mundial, incluso los sindicatos se adhieren a la exportación de empleos y servicios al extranjero. El autor Robert Kuttner, que ha analizado el compromiso danés entre los mercados libres y la estabilidad social, sugiere que esta clase de acuerdos “tienen que crecer en su propio suelo político”.

La clave del estímulo al crecimiento de la democracia y la libertad económica consiste en fomentar las instituciones locales en las que ambas se basan.

Estados Unidos, sus aliados y las instituciones internacionales deberían continuar estimulando el estado de derecho, sistemas jurídicos independientes y transparentes, inversiones de capital productivas y adhesión a los derechos humanos y a las obligaciones legales internacionales, para hacer más probable que los gobiernos, como quiera que hayan sido estructurados, actúen de una manera justa, humana y transparente.

Al mismo tiempo, los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales y las empresas pueden todos ellos desempeñar un papel en la promoción de las instituciones locales y los grupos de la sociedad civil que fortalecen la democracia y apoyan las libertades individuales.

Debemos participar vigorosamente en el mundo con todos los instrumentos a nuestra disposición, particularmente a través del comercio y la diplomacia. Si lo hacemos, tendremos la oportunidad de ayudar a la gente de todo el mundo a ser más libre, próspera y segura.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de Estados Unidos.

Marcar página con:    ¿Qué es esto?