08 julio 2008
Por Doh C. Shin y Christopher D. Raymond
(Este artículo pertenece al periódico electrónico de junio de 2008 “Los mercados y la democracia”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha).
Las investigaciones han demostrado que las reformas políticas y económicas mitigan los conflictos étnicos, incluso en los países en los que una minoría étnica domina la economía, según Doh C. Shin y Christopher D. Raymond. Shin es catedrático de ciencias políticas, y Raymond, ayudante de cátedra, ambos en la Universidad de Misuri en Columbia (Misuri).
A comienzos de 2007, Kenia estaba considerada como una de las democracias más prósperas de África; para fines de ese mismo año, estaba sumida en el caos. La violencia étnica estalló en el país después de declararse la victoria del presidente en ejercicio Muwai Kibaki, en las reñidas elecciones del 27 de diciembre de 2007.
Los luos, el grupo étnico que apoyaba al candidato derrotado Raila Odinga, durante largo tiempo han visto con resentimiento la riqueza y el poder de los kikuyus, el grupo étnico de Kibaki. Muchos luos acusaron a Kibaki y a los kikuyus de fraude electoral y, en los meses siguientes a las elecciones, sus violentas protestas dieron por resultado la muerte de hasta 1.500 personas y el desplazamiento de otras 250.000.
Este brote de violencia étnica a raíz de unas elecciones libres y competitivas en una de las democracias más prósperas de África ha reavivado el debate sobre si algunos tipos de países en desarrollo deben procurar el establecimiento simultáneo de democracia y capitalismo.
Durante décadas, se daba por sentado que la democracia y los mercados libres se conjugan para promover la prosperidad económica y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Al menos un estudio ha alegado que combinar los mercados libres con la democracia en países en los que una minoría étnica mantiene el dominio económico puede dar lugar a una situación sumamente explosiva, porque los mercados libres y la democracia suelen favorecer a distintos grupos étnicos: los mercados libres favorecen a una minoría, mientras que la democracia favorece a la mayoría.
En países como Indonesia y Zimbabwe, por ejemplo, donde una pequeña minoría étnica domina el mercado con una cantidad desproporcionada de recursos económicos, establecer la democracia y dar voz a la mayoría previamente silenciosa puede dar rienda suelta a la expresión del odio étnico y el resentimiento contra los ricos. El brote de violencia étnica resultante, a su vez, probablemente entorpecerá, si no es que para, el desarrollo de la democracia y el capitalismo.
La prueba
Decidimos poner a prueba la validez de la afirmación de que los intentos de establecer democracias capitalistas en sociedades fragmentadas étnicamente, en particular en las que una minoría mantiene el dominio del mercado, fracasan, sobre todo debido a los brotes de violencia política.
En nuestras pruebas utilizamos dos series de datos multinacionales. De los datos sobre diversidad étnica recopilados por el economista de Harvard, Alberto Alesina y sus colegas, dividimos 125 países, todos ellos en diversos grados de transición política y económica, en tres categorías basadas en su composición étnica: países sin una minoría que domine el mercado y con escasa división étnica (42), países sin una minoría que domine el mercado, pero con una marcada división étnica (47), y todos los países en los que existe una minoría que domina el mercado (36).
Con ayuda de los datos del Bertelsmann Transformation Index (BTI), comparamos los grados de conflicto social de los países y los resultados de sus reformas democráticas y económicas. El BTI mide la condición política y económica de 125 países en desarrollo y en transición, en una escala de 11 puntos que va de 0 a 10. Para facilitar su interpretación, agrupamos las puntuaciones en dos grados, bajo (0-5) y alto (6-10), y seguidamente calculamos el porcentaje de países que caen dentro de cada grado.
La figura 1 muestra los grados medios de conflicto social que afectan a cada una de las tres categorías étnicas de países. El grado de conflicto es más alto (5,3) en los países con una minoría que domina el mercado, seguidos de los países con mayor grado de división étnica (4,9) y los que tienen menos división étnica (3,2).
Como indica la figura 2, el 44 por ciento de los países en los que una minoría domina el mercado (6 o más en la escala del BTI), 26 por ciento de los que están más divididos étnicamente, y 12 por ciento de los que tienen escasa división étnica, registran un alto grado de conflicto étnico. Los países en los que una minoría domina el mercado sufren un grado considerablemente más alto de conflicto social o violencia que los demás países.
La figura 1 también muestra los niveles medios de las reformas políticas y de mercado libre implantadas en las tres categorías de países. Los países con escasa división étnica arrojan los grados más altos de reformas políticas y económicas combinadas (6,9), seguidos de los países en los que una minoría domina el mercado (5,4) y los países con alto grado de división étnica (5,1). Donde se logra un alto grado de reformas políticas y económicas (6 o más en la escala del BTI) es en 69 por ciento de los países con escasa división étnica, 39 por ciento de los que tienen una minoría que domina el mercado, y 30 por ciento de los que están muy divididos étnicamente (véase la figura 2).
Los resultados
Estos resultados indican que en sociedades fragmentadas étnicamente, el grado de violencia y conflicto social dificulta las reformas políticas y económicas. No obstante, a diferencia de otras investigaciones, señalan que la existencia de minorías desproporcionadamente ricas en estas sociedades no dificulta más, necesariamente, la implantación de dichas reformas.
¿Qué efecto tiene la feliz implantación de las reformas políticas y de mercado libre en el conflicto étnico? Para investigar esta cuestión, dividimos los 125 países en transición en cuatro grupos, según el grado de éxito alcanzado en las reformas: si no ha sido alto en ninguna de las dos reformas, si lo ha sido en una o si lo ha sido en ambas. Las cuatro modalidades resultantes corresponden a los países que no se han reformado política ni económicamente (32 países), los que se han reformado económicamente (17), los que se han reformado políticamente (13), y los reformados política y económicamente (63). La cuarta modalidad corresponde a los países que emprendido la democratización y la reforma del mercado simultáneamente. Según otro investigador, estos son los países en los que diversos grupos étnicos divididos económicamente serían más susceptibles de enfrentarse en un conflicto violento.
Para cada modalidad de reforma, la figura 3 muestra el porcentaje de países que sufren un alto grado de conflicto étnico. A diferencia de lo que sugieren otras investigaciones, la incidencia de conflicto social es menor (10 por ciento) en los países que han llevado a cabo satisfactoriamente el desarrollo simultáneo, y mayor (48 por ciento) en los que no han aplicado ninguna de las reformas. Entre estos extremos se sitúan los países que sólo han realizado una de las reformas; los países en los que se registran altos grados de conflicto social son 22 por ciento de los que han llevado a cabo reformas políticas y 14 por ciento de los que han emprendido reformas económicas.
Estos resultados indican que a medida que los países consiguen transformar sus regímenes políticos y económicos en democracias capitalistas, disminuyen sus posibilidades de sufrir altos grados de conflicto social. Lo mismo se puede decir, incluso de los países donde una minoría domina el mercado.
Nuestro sencillo análisis indica que la división étnica fomenta, efectivamente, la violencia y el conflicto social y, por ende, entorpece la transformación de los regímenes económicos y políticos. No obstante, la feliz transformación de ambos regímenes es un medio eficaz de mitigar el conflicto social y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, incluso en sociedades fragmentadas étnicamente, donde una minoría mantiene el dominio del mercado.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de Estados Unidos.