18 septiembre 2008

La cara ambientalista de Hollywood

Robin L. Yeager

 
Shelley Billik, de Warner Brothers.

La industria cinematográfica, desde las personas que trabajan en ella hasta los principales estudios, está adoptando prácticas menos nocivas para el ambiente. Robin L. Yeager es redactora de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Rodar películas puede ser un negocio desaliñado, especialmente desde un punto de vista ambiental. "Luz, cámara, acción" significa habitualmente que edificios y escenarios se construyen para usarlos temporalmente, que hay que imprimir centenares de guiones, que hay que alimentar y mantener a la gente al calor o al fresco, y que las escenas de acción requieren a menudo de explosiones y pirotecnia. Las luces necesitan energía, y todos y todo tienen que ser llevados de un punto a otro por carretera, por aire o por otro medio. Incluso la tecnología digital se traduce en retos ambientales derivados de la producción, uso y disposición de equipo especializado.

En su condición de una de las mayores industrias del sur de California, el negocio del cine ha contribuido históricamente a los niveles regionales de contaminación. Pero en Hollywood muchos se han comprometido a cambiar la forma en que se lleva a cabo el negocio. Desde los líderes y el personal de los grandes estudios hasta los actores, artistas y hombres de negocios, a muchos les interesa contribuir a la protección del medio ambiente.

La industria: Entre los jefes de estudios que dirigen empresas con programas que respetan el medio ambiente figuran Alan Horn, presidente y director de operaciones de Warner Bros. y Ron Meyer, presidente y director de operaciones en Universal. Universal se ha comprometido a una reducción del tres por ciento de los gases de efecto invernadero y ha emprendido diversas acciones, como el reemplazo de los tranvías diesel de su parque de atracciones, con vehículos menos nocivos para el medio ambiente. Warner Bros. ha hecho hincapié en el medio ambiente durante más de 14 años y cuenta con un alto directivo a cargo de las cuestiones medio ambientales. Los proyectos ambientales de la compañía comenzaron con la reducción de desperdicios y el reciclaje, y se ha ampliado hasta llegar a ser un programa abarcador, cuyos detalles se pueden consultar en la página web de la empresa [www.wbenvironmental.com] (en inglés). Del menú, seleccione "Eco-Tour" para ver a Shelley Billik, vicepresidente de iniciativas ambientales, exponer la historia de la Warner Bros. Billik informa al lector sobre los diversos aspectos del negocio cinematográfico, destacando acciones que ha emprendido el estudio y planteando el caso de que, además de ser buenas para la Tierra, las políticas ambientales pueden ser buenas para los negocios.

Películas: El largometraje Syriana, por el que George Clooney ganó el premio de la Academia al mejor actor de reparto, contenía un tema ambiental que le valió el premio. El documental Una verdad incómoda, también ganador de un premio de la Academia, divulgó la presentación del ex vicepresidente Al Gore sobre el calentamiento mundial, a un público mundial. Ambas películas retaron a los cineastas a realizar un proyecto "sin consecuencias con respecto a la emisión de dióxido de carbono". Esto significa que las emisiones de gases de efecto de invernadero generadas por la energía consumida en la producción de un proyecto se compensan plantando determinada cantidad de árboles o mediante inversiones en energía solar u otras alternativas de energía renovable, en una cantidad equivalente a la energía utilizada en el proyecto.

Individuos: Actores y cineastas tienen presente el medio ambiente cuando, al elegir papeles y proyectos, usan su estatus para llamar la atención acerca de ciertos temas, y apoyan económicamente las causas ambientales. La lista de los quienes participan en causas a favor del ambiente incluye a Robert Redford, que ha recibido numerosas distinciones por sus esfuerzos, y cuyo canal de televisión por cable Sundance Channel presentó recientemente The Green, un bloque semanal de programación dedicado a los temas ambientales; Leonardo DiCaprio, cuyo documental sobre la condición del medio ambiente en el mundo, The 11th Hour, se estrenará este año, y quien ha trabajado en un programa y en películas cortas que abordan temas ambientales [ www.leonardodicaprio.org ]; y el escritor y director Paul Haggis, quien respalda sus esfuerzos profesionales con un compromiso personal con el medio ambiente que incluye vivir en una casa que utiliza energía solar y manejar un vehículo híbrido. Otros que se han hecho notar por sus esfuerzos incluyen a Laurie y Larry David, Rob Reiner, Tom Hanks, Harrison Ford, Norman Lear, Cameron Díaz, Daryl Hannah y muchos otros.

De manera apropiada, durante la ceremonia de entrega de premios de la Academia, en febrero del 2007, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas anuncio que la ceremonia misma era una producción ambientalista y dirigió a los espectadores al sitio web www.oscar.com para que obtuvieran información adicional y vínculos con el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales.

El gobierno y las películas

George Clooney productor y actor en la película Syriana.

Al contrario de lo que ocurre en muchos países, donde el gobierno se encarga de los programas culturales, inclusive la cinematografía, Estados Unidos no cuenta con una oficina o ministerio de gobierno que regule la industria cinematográfica. Sin embargo, el gobierno interactúa de varias maneras con la industria del cine.

Producción cinematográfica

En Estados Unidos, las películas provienen generalmente de dos fuentes: grandes estudios que producen cada año muchas películas y programas de televisión, y cineastas independientes, tanto estudiantes como cineastas experimentados. En ocasiones -mediante subsidios de universidades o consejos de artes o humanidades- los cineastas independientes reciben indirectamente apoyo de fondos que se originaron en los gobiernos locales, estatales o federal, pero más a menudo el financiamiento proviene de inversionistas privados o mediante organizaciones filantrópicas a quienes les interesa promover las artes o una causa de la que se ocupa una película.

Si bien no hay un ministerio del cine, hay muchas oficinas gubernamentales que se relacionan con la industria del cine. A nivel de estados y municipios, las oficinas cinematográficas del gobierno promueven escenarios de rodaje puesto que su uso aporta empleos y otras ventajas económicas, promueve los sitios turísticos o muestra su región desde una perspectiva favorable. Estas oficinas ayudan también a los cineastas a colaborar con la policía y con otros entes públicos para convenir horarios con respecto al rodaje y su impacto en el tránsito, el uso de edificios públicos u otras consideraciones especiales.

De modo similar, los organismos gubernamentales federales, especialmente las ramas de las fuerzas armadas, tienen oficinas que ayudan a coordinar el uso que hacen los cineastas de las instalaciones, el equipo e incluso el personal. Por ejemplo, a un cineasta le resultaría difícil construir un portaviones de aspecto verosímil o contratar un reparto de extras que figuren en el fondo de una escena como verdaderos soldados, marineros, aviadores o infantes de marina (cuyos cortes de pelo, buenas condiciones físicas y posturas son a menudo diferentes de las de un actor). Los militares, dentro de límites razonables, están dispuestos a poner a disposición sus facilidades para proyectos que hayan sido aprobados, y cada rama de las fuerzas armadas tiene una oficina que atiende estos pedidos. Otras ramas del gobierno federal se ocupan de solicitudes de uso de espacios y edificios públicos, tales como monumentos o parques.

Muchos años atrás, el gobierno estadounidense producía algunos largometrajes y colaboraba estrechamente con Hollywood en películas que estimulaban la moral pública en tiempos de guerra. Sin embargo, desde la Segunda Guerra Mundial esos programas quedaron eliminados mediante una combinación de preocupaciones presupuestarias y filosóficas. Una excepción ha sido la labor llevada a cabo por oficinas que, por definición, se relacionan con públicos extranjeros. Por ejemplo, el Servicio de Información de los Estados Unidos, durante muchos años produjo películas para que se exhibieran al público extranjero a fin de complementar sus demás programas educativos. Uno de esos filmes, John F. Kennedy: Years of Lightning, Day of Drums, homenaje póstumo al presidente asesinado, llegó incluso a ganar el premio de la Academia al mejor documental. Este organismo, que ahora está integrado en el Departamento de Estado de Estados Unidos, ya no produce películas originales.

Censura

Ha habido épocas, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial, en que la seguridad nacional era un tema importante y ciertos tipos de información estaban restringidos en cuanto a su difusión amplia, pero, por lo general, el gobierno se ha mantenido al margen en relación a la censura. Para equilibrar los intereses de la libertad de expresión con los del bienestar público, el buen gusto, las normas voluntarias aprobadas por la industria cinematográfica han dado lugar a un sistema de clasificación (G para el público en general, R para públicos restringidos, y varias otras categorías) que los censores de la industria -no del gobierno- aplican a las películas, para permitirles a espectadores, padres y dueños de salas de cine calibrar mejor el contenido sexual, violento o de lenguaje soez que tiene una película.

La distribución de las películas

Hoy, con muy pocas excepciones, las películas producidas en Estados Unidos se distribuyen dentro del país y en otros países a través de canales comerciales controlados por el mercado. Si una película no atrae público, su permanencia en la sala de cine se acortará y otra ocupará su lugar, confiada en que llegará a ser un éxito. Durante la primera mitad del siglo XX hubo algo de apoyo gubernamental al envío al exterior de películas que ayudaran a mostrar los ideales estadounidenses. Este esfuerzo se ha visto en gran medida reducido hasta llegar a ser una pequeña oficina del Departamento de Estado que, por ejemplo, ayuda a las embajadas estadounidenses a tener acceso a películas comerciales para exhibirlas a públicos locales, por lo común en colaboración con un patrocinador local, tal como el ministerio de cultura o una universidad. De este modo, el gobierno estadounidense apoya la organización de festivales cinematográficos y otros programas locales.

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