18 marzo 2008

Hollywood imparte lección sobre derechos de autor

Industria cinematográfica intenta frenar la piratería con información y presión política

 

Washington – Los estudiantes universitarios no se sacian de ver películas, y la industria cinematográfica ha minado la esencia de la vida universitaria con el relato de infinitas historias de amor, aventura, rebeldía y triunfo, y todo ello sólo en la película Animal House, del año 1978. Desde El estudiante novato, con Harold Lloyd, hasta Plumas de caballo de los hermanos Marx, y Una rubia muy legal con Reese Witherspoon, el cuento de amor entre Hollywood y la universidad ha sido siempre de lo más apasionado.

Pero actualmente a la industria cinematográfica le preocupa la actuación de sus mejores clientes, algunos de los cuales se han acostumbrado a ver los últimos estrenos gratuitamente, pero no intentando colarse en el cine, sino utilizando conexiones informáticas rapidísimas para descargar ilícitamente las últimas novedades de Hollywood.

A diferencia de sus colegas de la industria discográfica, los cineastas han decidido no demandar a los estudiantes a los que se les descubre material pirateado en los discos duros de sus computadoras. (Véase el artículo “Universitarios descargan gratuitamente música por Internet, con consecuencias legales”).

En lugar de ello, la Asociación de la Industria Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA) intenta convencer a los presidentes de las universidades a que tomen medidas duras contra la piratería y también presiona al Congreso para que las universidades reciban sanciones si no arremeten contra el uso de redes de alta velocidad para la descarga de archivos electrónicos ilícitos.

Llevar a los estudiantes a juicio “no es nuestra principal estrategia”, asegura Stewart McLaurin, vicepresidente ejecutivo de la MPAA para asuntos educativos. “Queremos que estas personas tengan simpatía por nuestros productos. No queremos que odien ni nuestra industria ni las películas”.

La industria no solo se dedica a educar a jóvenes universitarios. En fechas recientes colaboró con la revista semanal Weekly Reader, que se distribuye en las aulas de las escuelas primarias, para instruir a los jóvenes estudiantes acerca de la protección de los derechos de autor. McLaurin dice que los niños aprenden la mala conducta de descargar tan pronto como en el tercer grado.

Recientemente la MPAA tuvo que reconocer un hecho embarazoso: un estudio sobre la piratería que había comisionado y hecho público se había equivocado por completo al culpar a los estudiantes universitarios del 44 por ciento de las pérdidas en la industria a causa de la piratería. La MPAA, que atribuyó el error a la empresa de consultoría L.E.K., corrigió el dato y lo cambió al 15 por ciento.

Incluso al 15 por ciento, el hurto representa pérdidas de casi 250 millones de dólares, sostiene la MPAA. McLaurin visita periódicamente los campus universitarios y acude a conferencias académicas para ejercer presión en lo que respecta a asunto. “Hace tres o cuatro años este tema se habría hablado con el representante de comunicaciones del campus”, dijo, pero ahora están involucrados los presidentes de las universidades y los consejos directivos. Algunas universidades retiran los privilegios de acceso informático en caso de repetidas infracciones.

McLaurin dijo que a “todas las universidades de Estados Unidos” les podría afectar la revisión de la Ley de Educación Superior pendiente en el Congreso. Tanto el Senado como la Cámara de Representantes han aprobado disposiciones que exigen que las universidades difundan advertencias a los estudiantes en lo relativo a la piratería y que les informen de las sanciones. La versión de la ley que ha preparado la Cámara exigiría a las universidades “explorar tecnologías que impidan” las descargas ilícitas.

Los detractores se jactan de que del dicho al hecho hay mucho trecho. El Consejo Estadounidense de Educación y una docena de grupos de presión del sector de la educación intentan eliminar la disposición que ha agregado la Cámara, y sostienen que “las alternativas electrónicas y los impedimentos técnicos son señal de inmadurez y caros” y que los estudiantes que utilizan las redes de la universidad puede que sean responsables “solo del tres por ciento de las pérdidas causadas por las descargas ilícitas”.

La MPAA, bajo la dirección de Dan Glickman, antiguo congresista por el estado de Kansas y ex secretario de Agricultura, se ha regodeado durante largo tiempo en su reputación como uno de los grupos de presión más poderosos de Washington. Sin embargo, es difícil convencer a jóvenes que se han acostumbrado a obtener artículos gratis en Internet de la importancia de eliminar la piratería. Cuando Glickman habló en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) en 2005, los estudiantes respondieron en coro a sus comentarios con el grito típico de los piratas: “¡Arrrggghhh!”

McLaurin cree que se han hecho progresos. Las industrias discográfica y cinematográfica se unieron a las universidades en 2002 para establecer la Comisión Conjunta de las Comunidades de la Educación Superior y del Espectáculo, para intercambiar ideas comunes. En el otoño de 2007, la MPAA junto con el sistema de la Universidad de California invitaron a 200 líderes del mundo académico, Hollywood y la industria de la tecnología para fomentar el entendimiento de las distintas perspectivas que existen en torno a este asunto.

“En cualquier relación, cuando se encara una situación difícil, dura y desafiante, la relación va a ser difícil, dura y desafiante”, dijo McLaurin. “Creemos que es importante que nuestra industria y nuestros miembros tiendan la mano y consoliden las relaciones, y que exploren las distintas dimensiones del problema, y no solo demanden a la gente”.

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